Intención del mes


 
 

El fundamentalismo y el extremismo

Que toda tendencia hacia el fundamentalismo y el extremismo
quede contrarrestada por el respeto, la tolerancia y el diálogo entre los creyentes.






Siempre habrá personas propensas a hacer suyas unas ideas extremosas, exageradas, particularmente en política. Lo peor es cuando, de forma individual o grupal, lleva a cabo acciones fanáticas en esa línea. El fundamentalismo sería un tipo de extremismo. Analizar este concepto, tratar de precisarlo, enumerar sus rasgos, clasificar sus modalidades, exponer algunas de sus manifestaciones: todo ello pertenecería a un interesante trabajo monográfico, como tantos podemos encontrar hoy día. Porque este fenómeno, que no es nuevo, claramente se ha intensificado en estos años.

No es posible entrar aquí en una tarea como la apuntada, ni sería necesario, pues tenemos una idea suficiente del fenómeno, y de ello se ocupan con frecuencia los medios de comunicación.

Discernir nuestras reacciones

En una primera aproximación constatamos que nuestra convivencia sufre por la presencia de individuos y de comportamientos fundamentalistas. Nos asombra y nos indigna que personas y colectivos se vean amenazados por tales criterios esclavizantes; y más aún, que quienes nos son cercanos por compartir con ellos unas mismas creencias cristianas, aunque se encuentren lejos, sufran persecución, agresiones, matanzas: tenemos noticias bien recientes.

No es difícil que ante ello broten en nosotros, con cierta espontaneidad, sentimientos revanchistas y tentaciones de reaccionar violentamente. Pero, a poco que recapacitamos, comprendemos que esa violencia no sería solución, ni ética ni efectiva siquiera. Al contrario. Cuántas veces la sola fuerza de las armas exaspera los ánimos de los extremistas y empeora la situación.

Son muchos los años de violencia y, desgraciadamente, de falta de eficacia, en la ejecución de pactos y decisiones que se habían tomado para hacer frente a este terrible obstáculo de la convivencia humana.

En una segunda aproximación nos preguntamos si nosotros mismos, los que nos sentimos atacados injustamente por el fundamentalismo, no corremos el riesgo, y más que riesgo, de posturas y conductas calificables de igual exceso: en relación con el respeto debido a los que tienen otras creencias u otras posiciones políticas, en relación con la debida defensa y acogida del inmigrante que tenemos bien cerca, etc. No estará de más una sincera reflexión sobre ello.

Porque en este problema del fundamentalismo hay acciones que competen a los estados, echando mano de modos justos de actuación, propios de la política en sus diversos niveles de intervención. Pero deben desarrollarse también esas conductas de grupos o de particulares que, poco a poco, van creando un estado de opinión, una conciencia generalizada y unas actividades, en la línea correcta que debemos seguir.

No podemos menos de reconocer la existencia de colectivos que trabajan por una paz bien apoyada en bases justas: las que se construyen con el respeto, la tolerancia y el diálogo. Son precisamente los cimientos señalados en la Intención de este mes, para afrontar debidamente el problema.

El Papa, preocupado por el fundamentalismo

Un problema de tal envergadura y urgencia, que ha merecido la preocupación del Papa, instándonos a orar con este fin. Es la gracia de Dios la que puede mover las inteligencias y las voluntades de unos y otros.

Acudamos al magisterio ordinario de Benedicto XVI, criterio seguro y guía práctica para nuestra acción; concretamente, su mensaje para la Jornada de la Paz de 2006 y el discurso, dos años después, a los obispos de Asia Central en su visita ad límina:

“Casi por doquier se registran en el mundo fenómenos preocupantes que ponen en serio peligro la seguridad y la paz. Me refiero, en particular, a la plaga de la violencia y del terrorismo, a la difusión del extremismo y del fundamentalismo”.

“El fundamentalismo fanático desfigura el rostro benevolente y misericordioso de Dios, sustituyéndolo con ídolos hechos a su propia imagen. En el análisis de las causas del fenómeno contemporáneo del terrorismo es deseable que, además de las razones de carácter político y social, se tengan en cuenta también las más hondas motivaciones culturales, religiosas e ideológicas”.

“Es preciso oponerse a estos azotes con intervenciones legislativas. Pero la fuerza del derecho no puede transformarse nunca en injusticia; ni se puede limitar el libre ejercicio de las religiones, puesto que profesar libremente la propia fe es uno de los derechos humanos esenciales, reconocidos universalmente”.

Actitudes cristianas

“Me parece útil reafirmar que la Iglesia no impone, sino que propone libremente la fe católica, sabiendo bien que la conversión es el fruto misterioso de la acción del Espíritu Santo. La fe es don y obra de Dios. Precisamente por eso está prohibida cualquier forma de proselitismo que obligue, induzca o atraiga a alguien con medios inoportunos a abrazar la fe. Una persona puede abrirse a la fe después de una reflexión madura y responsable, y debe poder realizar libremente esta íntima inspiración. Esto no sólo beneficia a la persona, sino también a toda la sociedad, dado que la observancia fiel de los preceptos divinos ayuda a construir una convivencia más justa y solidaria”.

“La historia ha demostrado con creces que luchar contra Dios para extirparlo del corazón de los hombres, lleva a la humanidad, temerosa y empobrecida, hacia opciones que no tienen futuro. Esto ha de impulsar a los creyentes en Cristo a ser testigos convincentes de Dios que es, juntamente, verdad y amor. Al mismo tiempo, pido que se intensifique la oración”.

Procuremos hacer realidad estos planteamientos y deseos del Santo Padre.

Javier Gª Ruiz de Medina, S.J.





   
 
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