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RESTAURADO EL MOSAICO DE CRISTO EN EL MONASTERIO DE SANTA
CATALINA, EN EL MONTE SINAÍ
VISTA GENERAL DEL MONASTERIO DE SANTA CATALINA EN EL MONTE SINAÍ
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Un equipo de expertos restauradores italianos y una financiación de casi un millón de dólares, la mitad de dicha cantidad ha sido donada por el emir de Qatar Hamad bin Khalifa Al Thani, han salvado del deterioro y devuelto a su primitivo esplendor el mosaico de la Transfiguración del Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí. La intervención, que ha considerado más atenta y principalmente el rostro de la figura de Cristo, se ha explicado e ilustrado en el curso de la X Conferencia mundial sobre los mosaicos celebrada en Palermo, por el propio restaurador Roberto Nardi, director del Centro de Conservación arqueológica de Roma, uno de los organismos que ha financiado los trabajos de restauración junto al Getty Institute. Erigido en el siglo VI por voluntad del emperador bizantino Justiniano, el convento -- la más pequeña diócesis en el mundo pero también el más antiguo convento cristiano existente y hoy declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco -- se levante en las cimas del Monte Horeb en el lugar en el que, según la Biblia, Moisés recibió las tablas de los diez mandamientos. A pesar de la conquista por parte de los musulmanes en el 641 d.C., los monjes continuaron viviendo en el convento -- considerado lugar sagrado por las tres grandes religiones monoteístas -- salvaguardados por un edicto de Mahoma que le aseguraba la protección, procedimiento respetado también por Napoleón durante la Campaña de Egipto. Hoy en el monasterio, junto al que se levanta una basílica, construida por el arquitecto Stefano di Aila, y una torre campanario del siglo XVIII, viven 25 monjes, en la mayoría griegos, que siguen la Regla de San Basilio. Santa Catalina conserva además la segunda biblioteca más antigua del mundo (después de la del Vaticano) y la más importante colección de iconos griegos. El mosaico de la Transfiguración restaurado será presentado en abril, con ocasión de la Pascua ortodoxa.
El Monasterio está situado a 1570 m de altitud sobre el nivel del mar, en el Valle de Jethro, flanqueado a más de 500 m por las estribaciones del monte Moisés y la montaña de Mégafa.
Está rodeado por espectaculares murallas, ejemplo de arquitectura bizantina que estaban destinadas a proteger el lugar de la zarza ardiente, por mandato de santa Elena.
Las murallas forman un recinto rectangular; están construidas con granito del Sinaí. Al abrigo de estas impresionantes murallas se albergan varios monumentos, la mayor parte cerrados al público, como la biblioteca o la galería de los iconos, que no se pueden contemplar en la visita a Santa Catalina o Deir Sant Catrin, como lo llaman los árabes.
Sí se pueden visitar los pozos de Jethro, utilizados solamente para el regadío; el agua procede de la denominada Fuente de Moisés, donde el profeta dio de beber a las ovejas.
Cerca, se halla la capilla de la Zarza Ardiente, situada detrás del ábside de la basílica, donde se supone que Dios se apareció a Moisés en forma de una zarza ardiendo con fuego, que no se consumía.
Durante la construcción de la basílica en el s. VI, la zarza fue trasplantada tras el ábside, donde hoy se la puede contemplar. Se ha podido comprobar que es la única planta de esta especie que crece en todo el Sinaí.
La Basílica fue construida al mismo tiempo que la fortaleza que la protege (año 527). La puerta de entrada tiene cuatro hojas de madera; una de las grandes obras del arte bizantino del s. VI.
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