Intención del mes


 
 

Justicia en las elecciones de los gobernantes

Que las elecciones de los gobernantes se realicen en todo el mundo con justicia y transparencia, respetando la libre decisión de los ciudadanos.






Es conocido el dicho de que “la democracia es el peor sistema político que existe, con excepción de todos los demás sistemas”. No obstante esta expresión de Winston Churchill, cargada de humor, la realidad es que satisface saberse dentro de un sistema democrático, y que es cosa deseable para todos los países donde no esté implantado.

Participación real

Importa mucho acercarse a los contenidos de la Doctrina Social de la Iglesia sobre estas realidades de la vida política.
“La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica” (Juan Pablo II, Centesimus annus).
Por eso son motivo de preocupación países de régimen totalitario o dictatorial, donde la participación en la vida pública es negada radicalmente porque se considera una amenaza para el Estado; o países donde este derecho es enunciado sólo formalmente, sin poderlo ejercer en su concreta realidad.
Sin embargo, una de las mejores garantías de permanencia de la democracia es la participación comunitaria. A ella aspira el ciudadano, llamado a ejercitar responsablemente el propio papel cívico con los demás y para los demás.

Información objetiva

Pero no basta poder participar en unas elecciones libres y políticamente plurales. Ha de darse libertad de expresión e información objetiva: conocimiento de los problemas de la comunidad política y de las propuestas de solución.
Es necesario asegurar este pluralismo real: garantizar instrumentos múltiples en el campo de la comunicación y facilitar condiciones de igualdad en el uso de estos instrumentos.
Por eso, uno de los obstáculos es la excesiva vinculación entre la actividad gubernativa, los poderes financieros y los medios informativos, con perjuicio de la imparcialidad.
No puede faltar una presentación transparente e integral de los candidatos al electorado, sin descalificaciones del contrario en el debate, y sin tergiversaciones por parte de los medios.

Obligaciones de los candidatos

Los representantes de la voluntad popular están obligados a fomentar el bien común del país, el bien efectivo de todos, incluidas las minorías.
Por eso, es fundamental que cualquier proceso electoral desemboque en un proyecto al servicio de cada nación, más allá de intereses partidistas; que los candidatos alimenten una clara voluntad de servir, no de beneficiarse del poder, y una coherencia fundamental entre su conducta y los principios morales básicos para desempeñar su tarea.
En esta perspectiva, una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio: (paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad); una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente, como finalidad de su actuación, el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales.

¿Y los electores?

Cuanto antecede debe ser objeto de conocimiento atento, consideración libre y decisión consecuente por parte de los electores. “Si no estamos dispuestos a comprometernos con nuestra oración y con nuestra acción en el ámbito político, después no tendremos derecho a quejarnos de los malos gobernantes que hemos puesto en el poder” (Oración y Servicio, 2009, Nº 3).


Javier Gª Ruiz de Medina, S.J.





   
 
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