Intención del mes


 
 

El tráfico de los seres humanos

Que se ponga fin al inicuo y vergonzoso comercio de seres humanos, que tristemente involucra a millones de mujeres y niños






Todos los lectores de Mensajero, en un grado u otro, estamos al tanto de lo que la Intención de este mes llama “inicuo y vergonzoso comercio de seres humanos”.

Realidades pavorosas

No obstante, acudamos a una fuente de información, básica en este tema. Se trata de la OIM. Creada hace sesenta años, es la Organización Internacional, para velar por una Migración en condiciones humanas. Así describe lo que debe entenderse por tráfico o trata de personas: “La captación, el transporte, el traslado, la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al empleo de la fuerza u otros medios de coacción, al rapto, al engaño, al abuso de poder, a pagos o beneficios para lograr el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”.
En esta explotación, dice, se incluyen la prostitución, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre y el comercio de órganos. Los abusos más frecuentes son la violación, la tortura, la servidumbre por deuda, el confinamiento ilegal y las amenazas contra los familiares o personas allegadas a las víctimas, así como otras formas de violencia física, sexual y psicológica.
Son pavorosas las realidades que subyacen en las palabras de estas enumeraciones, sobre todo si se trata de menores. Como también es pavoroso constatar hasta dónde puede llegar la degradación del corazón humano, convertido, paradójicamente, en inhumano.

Sus causas

Según el organismo citado, factores que motivan la trata de personas son, por un lado, la búsqueda de mano de obra barata, la demanda de servicios sexuales y de ciertas actividades delictivas; y por otro, la falta de oportunidades, de recursos y de poder social.
Como en tantas ocasiones, por desgracia, es el ansia ilícita de enriquecimiento lo que más está en la base de este vergonzoso comercio, máximamente vejatorio de la persona humana. Esta lacra terrible, incrementada desde la década de los noventa, fue en 2005, el negocio más rentable a escala mundial, después del tráfico de drogas y del tráfico de armas. Unos 32.000 millones de dólares al año es lo que reporta al crimen organizado, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Pensamiento pontificio

En febrero de 2008 se celebró en la capital austriaca el I Foro mundial contra el tráfico de personas. Mons. Agostino Marchetto fue el representante papal. Leer algunos párrafos de su intervención nos acerca al pensamiento pontificio sobre este tema:
La Santa Sede aprecia los esfuerzos realizados en los distintos niveles para luchar contra la trata de seres humanos, que es un problema multidimensional y uno de los fenómenos más vergonzosos de nuestra época. De hecho es un delito atroz contra la dignidad de la persona, fundamento de los derechos humanos, según la doctrina social de la Iglesia Católica.
Varios elementos contribuyen a la propagación de este delito: la ausencia de normas específicas en algunos países, la ignorancia de las víctimas sobre sus propios derechos, la estructura socio-cultural y los conflictos armados.
La Santa Sede alienta todo tipo de iniciativas para erradicar este fenómeno inmoral y criminal y para promover el bienestar de las víctimas. También ha declarado que todos los esfuerzos para hacer frente a las actividades criminales y proteger a las víctimas de este inicuo tráfico han de comprender tanto a hombres como a mujeres, y deben colocar los derechos humanos en el centro de todas las estrategias.
Una serie de Conferencias Episcopales (por ejemplo, Nigeria, Irlanda, España), han abordado situaciones locales concretas a través de Cartas Pastorales. Esto se ha traducido en una participación directa de organizaciones e instituciones católicas de los distintos países en la asistencia a las víctimas; lo cual incluye escuchar a las mismas, proporcionarles la asistencia y el apoyo necesarios para escapar de la violencia sexual, crear casas de acogida y promover un asesoramiento dirigido a su reintegración en la sociedad.
Además, en países que se enfrentan a conflictos violentos (República Democrática del Congo, Sierra Leona, Liberia), la Iglesia Católica llega también a los ex niños soldados, que suelen correr el riesgo de ser vendidos, una vez que abandonen la milicia. Las actividades se llevan a cabo no sólo para su integración social y económica, sino también para sanar sus heridas y el mantenimiento de la familia o comunidad de acogida. Esto ha puesto de manifiesto buen número de iniciativas emprendidas por las congregaciones religiosas.
Tenemos que admitir que las soluciones fáciles no existen. Se requiere un enfoque integral y coherente. Esto conlleva tener en cuenta los intereses de la víctima, pero también el justo castigo de quienes se aprovechan de ella, así como la introducción de medidas preventivas; tales son, por un lado, la concienciación y la sensibilización, y por otro, el acometer decididamente las causas profundas del fenómeno.

Nuestra aportación

A nosotros, lectores en general, nos corresponde encontrar en la oración luz y fuerza para abordar el problema, esto es: conocerlo, cooperar con entidades que trabajan en este campo, no guardar silencio cuando hubiera ocasión de hablar y denunciar situaciones ambiguas que nos hacen sospechar la presencia de alguna injusticia. Esto mismo deberemos pedir a Dios para todas las personas que, en diversos niveles de actuación, tienen una palabra -o muchas- que decir en estos temas, y tantas posibles acciones que realizar.

Javier Gª Ruiz de Medina, S.J.





   
 
  Resolución recomendada: 1024 x 768 pixels