H. MARIANO IBÁÑEZ VELÁZQUEZ: ¡EN LA PAZ DE CRISTO!



 
 





El H. Mariano se ha ido que lo dicen las gentes que pasan... las gentes de Sevilla y de su Sanlúcar... Con este día 30 de abril del 2010 se cierra la última página de un libro que contiene el final del capítulo de una hermosa historia capuchina de Andalucía, que todos saben y conocen, y que obviamente no vamos a contar aquí... Apenas caía suavemente el manto oscuro de la noche sobre el cielo de Sevilla y el H. Mariano amanecía en el alba de la eternidad.
P. Mariano, desde hoy nuestro lenguaje es ya diferente: Mañana comienza mayo, el mes de las flores dedicado a la Virgen de nuestros años de infancia y te has querido sumar a la fiesta que allá en el cielo rendirán a Nuestra Señora todos los bienaventurados. Verdad que, desde la otra orilla, todo es muy diferente. Tu, cuando te has despertado a la luz de la eternidad, ¿Cómo es la Divina Pastora a la que tu tanto has amado y por cuya devoción tanto has trabajado? Tu que tantas veces has rezado en los Salmos: ¡Qué deseables son tus moradas...!, dínos desde la otra ribera: ¿Cómo es el cielo, la morada de Dios? Tu que tantas veces has rezado: ¡Quiero ver el rostro del Señor! ¿Cómo es el rostro de Dios, el rostro del Dios Padre misericordioso? Tu que tanto has querido a Fr. Leopoldo y por cuya Causa tanto has trabajado y cuya figura y mensaje tanto difundiste a través de la revista de “El Adalid Seráfico”, dínos ¿Cómo es el santo limosnero ya glorificado? ¿Es verdad que, desde la otra orilla, más clara la luna brilla...? Estoy seguro, aunque tengo el corazón oprimido y me siento como huérfano, que en tan dulce compañía serás feliz eternamente, esperando en la misericordia infinita de Dios, poderte encontrar un día cuando el Señor nos haga partícipes de su Resurrencción gloriosa y nos introduzca en la Pascua que nunca termina.
P. Mariano: Nada había para tí más dulce que la vida; nada era para ti tan precioso como el tiempo; nada te era más tranquilizador que el contacto con tu tierra, el susurro del aire al moverse, la brisa marinera de tu querida Sanlúcar, esos ocasos tan pletóricos de la luz del sol allá en el horizonte marino de tu pueblo, el sonido de las voces y las bocinas de los barcos por Bajo de Guía y el canto agudo de los pájaros.
Desde hoy has descubierto ya para siempre esa terrible incógnita de la vida que nos atenaza a todos los seres humanos: que la vida es una imperfección transitoria, la tierra un pálido símbolo de su Hacedor y el alma un espíritu inmortal dentro de mortal arcilla, que se estrella por librarse para llegar a los brazos del Todopoderoso.
Has recorrido una larga trayectoria humana: fuiste un buen alumno de los HH. de la Salle, pero te hiciste capuchino, esta impronta ha marcado fuertemente tu vida, ha sido capuchino hasta la médula, este espíritu te ha impregnado totalmente; has sido un apasionado de los libros, de los libros que hablaban de nuestra historia, de esa historia que nació un día en las Marcas de Ancona y en cuya nave estamos embarcados cerca de 11.000 hermanos y que aún hoy surca los mares turbulentos de nuestro tiempo que es también historia y tiempo de salvación; la historia ha sido tu gran pasión, la estudiabas para conocerla mejor, para vivir mejor el ser capuchino como el Beato Diego o el ya pronto Beato Leopoldo de Alpandeire; eras amante de nuestra vida y de nuestras cosas. Ahora, ya que has pasado a la otra orilla, te has encontrado con una pléyade insigne de santos capuchinos: limosneros, porteros, sacristanes, confesores, predicadores, misioneros... y te habrás alegrado infinitamente de ver como tu vocación capuchina también ha llegado a su plenitud, junto al sol que ya no conoce ocaso.
Has pasado, sucesivamente, por todas las fases de formación y de estudios hasta llegar al sacerdocio y continuar luego estudios superiores de Historia en la Universsidad Gregoriana, por todos los posibles cargos que dentro de nuestra Provincia capuchina de Andalucía se pueden dar (Profesor, Secretario Provincial, Consejero y Vicario Provincial tantas veces y Ministro Provincial en repetidos trienios, has llevado la Revista de El Adalid Seráfico, como Administrador y Director por tantos años, capellán de El Pumarejo...; además has sido durante 25 años secretario de la Conferencia Ibérica de Capuchinos – CIC --), hasta que “cansado de tanto andar / frente al mar y al oleaje, / llega a rendir su viaje..., cuando la enfermedad hizo mella en ti, ese pago al misterio del dolor y del sufrimiento que nos une más y más a Cristo hasta redimirnos y salvarnos.
P. Mariano: Me ha costado mucho trabajo poder dedicarte estas letras en un día en el que ciertamente el dolor ha hecho presa en nosotros, tus hermanos. Y voy a terminar con unas palabras, dedicadas a tu memoria, que el poeta moguereño Juan Ramón Jiménez puso como prólogo al Poema dramático titulado El Cartero del Rey, de Rabindranaz Tagore, y que tituló así: Canción a Amal muerto.

“DUERME. Sudha no te ha olvidado, y el Rey viene esta noche, Amal. Duerme tranquilo. Duerme, que, cuando despiertes, verán tus ojos las flores de Sudha en tus manos, y el rostro del Rey en tu rostro. Duerme.

Duerme bien. No te importe dormirte del todo... Duerme para siempre, ¡que vas a ver la estrella polar en su palacio negro!

Duerme en tu cuarto abierto ya de par en par a tu alma. Las mismas estrellas que saben que eres Amal, te traerán a la hora en que venga el Rey. Duerme... De tu jardín eterno sé que volverás, Amal, porque esperan tu despertar, en tus manos, las flores de Sudha... Duerme...”.


Juan Ramón Jiménez






 







   
 
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