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Intención del mes
Que todas las personas del mundo, especialmente los responsables de la política
y de la economía, se esfuercen por salvaguardar la creación |
El tema del cambio climático se ve sometido, en este momento, a opiniones contrarias, que responden seguramente a posturas interesadas de tipo económico, político, industrial, etc.
Tratemos de colocarnos por encima de toda controversia y consideremos los riesgos innegables por los que atraviesa la Creación y el cuidado que requiere de todo el que la habita, salvaguarda que corresponderá, de modo particular, a los responsables de la política y de la economía. Es lo que nos propone la Intención General de este mes.
El problema, su origen, su clave de superación
Ya el Papa Juan Pablo II constató en no pocas ocasiones que “tanto las personas de forma individual como toda la comunidad internacional están tomando cada vez mayor conciencia de la necesidad de respetar el medio ambiente y los recursos naturales que Dios ha dado a la humanidad”.
¿Y a qué se debe lo que él llama “irresponsabilidad ecológica”? “Es, en el fondo –dice- un problema, basado en un error antropológico, que surge cuando el hombre olvida que su habilidad para transformar el mundo debe respetar siempre el designio de Dios sobre la creación” (cf. Centesimus annus, 37).
No es posible asumir y traducir en medidas prácticas, eficaces y definitivas, unas ideas que, por otra parte, son consideradas por todos como evidentes y reconocidas como de total urgencia. Y así, años después, Su Santidad Benedicto XVI, en su Mensaje al VII Simposio sobre Religión, Ciencia y Medio Ambiente, septiembre de 2007, alertaba claramente:
“Ninguna nación o sector comercial puede ignorar las implicaciones éticas presentes en todo desarrollo económico y social. La investigación científica demuestra cada vez con más claridad que el impacto de la actividad humana en cualquier lugar o región puede tener efectos sobre todo el mundo. Las consecuencias del descuido del medio ambiente no se limitan a la región inmediata o a un pueblo, porque dañan siempre la convivencia humana y violan los derechos de los ciudadanos, que desean vivir en un ambiente seguro”.
“Los países altamente industrializados deben compartir "tecnologías limpias" y garantizar que sus propios mercados no mantengan la demanda de aquellos bienes cuya producción misma contribuye al aumento de la contaminación”.
“La interdependencia mutua entre las actividades económicas y sociales requiere esfuerzos educativos permanentes”.
Medidas políticas
“No cabe duda de que la construcción de una sociedad justa corresponde en primer lugar al orden político, tanto dentro de los diversos Estados como en la comunidad internacional. en todos los niveles”, le había dicho en abril de ese año 2007, a la Profesora Mary Ann Glendon, Presidenta de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales. Y añadía:
“La comunidad internacional reconoce que los recursos del mundo son limitados y que todo pueblo tiene el deber de poner en práctica políticas encaminadas a la protección del medio ambiente, con el fin de prevenir la destrucción del patrimonio natural cuyos frutos son necesarios para el bienestar de la humanidad".
Papel de los cristianos
Es interesante constatar que, como no podía ser de otra forma, el pensamiento y la práctica cristiana se implican necesariamente en cualquier problema de veras humano. Lo recordaba el Papa actual en el Mensaje antes citado:
Hay “necesidad urgente de que la ciencia y la religión colaboren para salvaguardar los dones de la naturaleza y promover una gestión responsable. Con ocasión del simposio de este año, dedicado de nuevo a los recursos hídricos de la tierra, se han dado cita varios líderes religiosos, científicos y otras personas interesadas, en la costa occidental de Groenlandia. Reunidos en la magnífica belleza de esa región glacial única, patrimonio mundial, vuestro corazón y vuestra mente se elevan fácilmente a las maravillas de Dios; y, con asombro, resuenan las palabras del salmista que alaba el nombre del Señor, admirable en toda la tierra. Sumergidos en la contemplación de la obra de sus dedos (Salmo 8, 4), los peligros de la alienación espiritual de la creación resultan claramente evidentes. La relación entre personas o comunidades y el medio ambiente deriva, en último término, de su relación con Dios”.
Por eso “la Iglesia no puede menos de interesarse por ese tema, dado que la búsqueda de la justicia y la promoción de la civilización del amor son aspectos esenciales de su misión al servicio del anuncio del Evangelio de Jesucristo. En el centro de su magisterio, como sabéis muy bien, está el principio del destino universal de todos los bienes de la creación”. Eran palabras de Benedicto XVI a la Profesora Mary Ann Glendon.
Por lo tanto, "los cristianos siempre deben estar dispuestos a asumir juntos su responsabilidad dentro del designio divino sobre la creación. La solución requiere un cambio interior del corazón, que lleve a rechazar modelos insostenibles de consumo y de producción. Exige un comportamiento ético que respete los principios de la solidaridad universal, la justicia social y la responsabilidad”. Así, el Papa Juan Pablo II al V Simposio sobre Religión, Ciencia y Proyecto Ambiental, mayo de 2003.
Dos propuestas
Para terminar, reflexionemos sobre dos sugerencias que nos propone la Dirección General del Apostolado de la Oración en Roma, para este mes:
1. ¿Qué aspectos de mi propio estilo de vida debo revisar y cambiar para no seguir contribuyendo a dañar el medio ambiente?
2. ¿Cómo puedo ayudar a las personas en mi entorno a tomar conciencia de esta grave situación?
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