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Intención del mes
Vivir el domingo en torno a la Eucaristía |
Que se viva el domingo como el día de la celebración comunitaria al Señor Resucitado, participando en la mesa de la Eucaristía.
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Según estadísticas actuales, solo un tanto por ciento bastante reducido acude todas las semanas a la celebración eucarística. Y sin embargo, un dato que solemos tener en cuenta para valorar la vida de una persona que se dice cristiana es su participación en la misa dominical. Claro que es insuficiente esta participación si luego no somos consecuentes con ella en nuestra vida diaria. No obstante, vamos bien encaminados al dar todo su valor de referencia al encuentro semanal con el Señor Jesús. Él nos espera en la Eucaristía cada domingo. Recordemos: la misma palabra “domingo”, que procede del latín, domínicus, lleva en sí alusión explícita al Señor, Dóminus, en esa lengua.
El domingo cristiano: su institución
El 27 de noviembre de 2006, el Papa Benedicto XVI envió un mensaje al Cardenal Francis Arinze, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con ocasión de la jornada de estudio organizada por dicho Dicasterio. El motivo de ella era el aniversario de la promulgación de uno de los más importantes documentos del Concilio: la Constitución sobre la Sagrada Liturgia. Y el tema, “de gran actualidad por sus implicaciones espirituales y pastorales”: La misa dominical para la santificación del pueblo cristiano.
En este mensaje dice el Papa:
“El domingo sigue siendo el fundamento germinal y, a la vez, el núcleo primordial del año litúrgico, que tiene su origen en la resurrección de Cristo; gracias a ella han quedado impresos en el tiempo los rasgos de la eternidad. El domingo es, por así decir, un fragmento de tiempo impregnado de eternidad porque, al alba de aquel día, el Crucificado, resucitado, entró victorioso en la vida eterna”.
Quizá pensemos que la institución del domingo se debe a la primitiva comunidad cristiana. En realidad fue elegida esa fecha -continúa diciendo el Papa- “por Cristo mismo, que en aquel día, el primero de la semana, resucitó y se apareció a los discípulos, y de nuevo ocho días después. El domingo es el día en el que el Señor resucitado se hace presente a los suyos y los invita a su mesa, para que ellos, unidos y configurados con él, puedan rendir el culto debido a Dios”.
Decía al principio que acertábamos al resaltar la importancia cristiana del domingo. El Papa lo señala también al decir: “Para los primeros cristianos la participación en las celebraciones dominicales constituía la expresión natural de su pertenencia a Cristo, de la comunión con su Cuerpo místico, en la gozosa espera de su vuelta gloriosa”.
El domingo cristiano: su necesidad.
En su viaje a Austria, el domingo 9 de septiembre de 2007, el Papa comenzó la homilía de su celebración eucarística, en la Catedral de San Esteban de Viena, con estas palabras:
“Queridos hermanos y hermanas: "Sine dominico non possumus!" Sin el don del Señor, sin el Día del Señor no podemos vivir. Así respondieron en el año 304 algunos cristianos de Abitina, en la actual Túnez, cuando, sorprendidos en la celebración eucarística dominical, que estaba prohibida, fueron conducidos ante el juez y se les preguntó por qué habían celebrado en domingo la función religiosa cristiana, sabiendo que esto se castigaba con la muerte”.
Y se preguntaba el Papa:
“Esa actitud de los cristianos de entonces, ¿tiene importancia también para nosotros, los cristianos de hoy? Sí, es válida también para nosotros, que necesitamos una relación que nos sostenga y dé orientación y contenido a nuestra vida. También nosotros necesitamos el contacto con el Resucitado, que nos sostiene más allá de la muerte. Necesitamos este encuentro que nos reúne, que nos da un espacio de libertad, que nos hace mirar más allá del activismo de la vida diaria, hacia el amor creador de Dios, del cual provenimos y hacia el cual estamos en camino”.
A pesar de las dificultades de hoy
No ignoraba el Santo Padre las circunstancias de la vida actual. Así lo constataba un poco más adelante en su homilía:
“En nuestras sociedades occidentales el domingo se ha transformado en un fin de semana, en tiempo libre. Ciertamente, el tiempo libre, especialmente con la prisa del mundo moderno, es algo bello y necesario, como lo sabemos todos. Pero si el tiempo libre no tiene un centro interior, del que provenga una orientación para el conjunto, acaba por ser tiempo vacío que no nos fortalece ni nos recrea. El tiempo libre necesita un centro: el encuentro con Aquel que es nuestro origen y nuestra meta”.
Y volviendo al Mensaje dirigido al Cardenal Arinze, vemos que el Papa tocaba en él esta misma realidad.
“¡Cuánto más hoy es preciso reafirmar el carácter sagrado del día del Señor y la necesidad de participar en la misa dominical! El contexto cultural en que vivimos, a menudo marcado por la indiferencia religiosa y el secularismo que ofusca el horizonte de lo trascendente, no debe hacernos olvidar que el pueblo de Dios, nacido del acontecimiento pascual, debe volver a él como a su fuente inagotable, para comprender cada vez mejor los rasgos de su identidad y las razones de su existencia”.
Una reflexión final
¿Cómo celebramos los domingos? ¿Enseñamos a nuestros hijos que éste es un día consagrado a Dios? ¿De qué manera podemos favorecer en nuestras familias la participación en la Eucaristía como lo más importante del domingo? (Cf. Dirección General del Apostolado de la Oración, Orar con la Iglesia 2009, p. 281).
Javier Gª Ruiz de Medina, S.J.
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