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Intención del mes
Conocer y vivir más la palabra de Dios |
Que la Palabra de Dios sea más conocida, aceptada y vivida
como fuente de libertad y alegría
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Como todos los lectores recuerdan sin duda, en octubre del pasado año 2008 se celebró en Roma la XII Asamblea General ordinaria del Sínodo de los Obispos. El tema fue “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia”. Hablaremos enseguida sobre ello.
Dos momentos anteriores al Sínodo: 1965, 2005
Pero antes vamos a remontarnos a 1965. Quedaban tres semanas para finalizar la cuarta y última fase del Concilio Vaticano II. El 18 de noviembre, Pablo VI promulgó solemnemente el documento Dei Verbum, “Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación”, uno de los cuatro más importantes de los dieciséis documentos conciliares básicos. En su proemio leemos: “El Santo Concilio escucha con devoción la Palabra de Dios y la proclama con valentía […] Y así […] quiere proponer la doctrina auténtica sobre la revelación y su transmisión; para que todo el mundo lo escuche y crea, creyendo espere, esperando ame.” Con estas últimas palabras, tomadas de san Agustín, podemos relacionar, en alguna manera, lo que se nos dice en la Intención General de este mes.
En septiembre de 2005 se celebró un Congreso Internacional con motivo del 40º aniversario de dicho documento. Benedicto XVI dirigió a los asistentes un discurso en el que dijo: “La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las sagradas Escrituras. Por ello, san Jerónimo, citado por el documento conciliar (n. 25), afirmaba con razón que ‘desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo’. La Iglesia vive de la palabra de Dios, y la palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida”.
Y el Papa daba gracias a Dios porque en estos últimos tiempos “se ha vuelto a valorar más profundamente la importancia fundamental de la palabra de Dios. De esto se ha derivado una renovación en la vida de la Iglesia, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad e incluso en el camino ecuménico”.
Naturalmente, esta renovación es algo en proceso continuo de avance. Esa más honda valoración de la Palabra de Dios nunca se podrá decir que ha tocado fondo. Prueba de ello es, por ejemplo, la necesidad sentida de que el Sínodo de los Obispos dedicara su pasada asamblea a este tema.
Y terminaba el Papa el mencionado discurso recordando y recomendando la antigua tradición de la Lectio divina. “La lectura asidua de la sagrada Escritura, acompañada por la oración, realiza el coloquio íntimo en el que, leyendo, se escucha a Dios que habla y, orando, se le responde con confiada apertura del corazón. Estoy convencido de que, si esta práctica se promueve eficazmente, producirá en la Iglesia una nueva primavera espiritual. Por eso, es preciso impulsar ulteriormente, como elemento fundamental de la pastoral bíblica, la Lectio divina, también mediante la utilización de métodos nuevos, adecuados a nuestro tiempo y ponderados atentamente. Jamás se debe olvidar que la palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero”.
Sínodo de los Obispos, 2008
Métodos nuevos. Efectivamente, el Sínodo de los Obispos pidió que se divulgara la Palabra de Dios en la mayor cantidad posible de idiomas y a través de todos los medios modernos de comunicación, como pueden ser Internet y los iPod “También debe resonar en las pantallas de televisión y cine, en la prensa, en los certámenes culturales y sociales”.
Claro es que el interés del Sínodo de los Obispos no podía limitarse a un mero conocimiento de la Palabra de Dios, casi de curiosidad o de erudición. Bien lo expuso el Papa en la Misa de su Clausura: Hoy es prioritario en la Iglesia “nutrirse de la Palabra de Dios”, “que los fieles tengan facilidad de acceso a la Sagrada Escritura, para que encontrando la verdad, puedan crecer en el amor auténtico”.
Se trata, pues, de conocer, aceptar y vivir la Palabra de Dios, imprescindible para crecer personalmente en la vida cristiana. Pero no podemos olvidar la dimensión evangelizadora de todo creyente auténtico. Por eso el Papa, en esa homilía nos recordaba: “Mucha gente está buscando, quizás sin darse cuenta, encontrarse con Cristo y con su Evangelio; muchos necesitan hallar en Él el sentido de sus vidas”. Es necesario “traducir en gestos de amor la palabra escuchada, porque sólo así se hace creíble el anuncio del Evangelio, a pesar de las fragilidades humanas. Se trata de un requisito indispensable hoy para la evangelización”.
Y daba la razón: “Quien cree haber comprendido las Escrituras, o al menos una parte de ellas, sin empeñarse en construir, mediante su comprensión, el doble amor a Dios y al prójimo, demuestra en realidad estar aún lejos de haber captado su sentido profundo”. “Dar testimonio claro y compartido de una vida según la Palabra de Dios, demostrada por Jesús, es por tanto criterio indispensable de verificación de la misión de la Iglesia”.
Pidamos a Dios en este mes, para nosotros que conocemos el contenido de esta Intención y para cuantos vayan descubriendo a Cristo en su Palabra, experimentar que conocerla, aceptarla y vivirla es fuente de alegría y favorece la verdadera libertad interior.
“Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir”.
(Benedicto XVI en su Mensaje con ocasión de la XXI Jornada Mundial de la Juventud, 2006).
Javier Gª Ruiz de Medina, S.J.
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