EL P. RANIERO CANTALAMESSA, PREDICADOR DE
LA CASA PONTIFICIA, DEJA LA RAI


 
 
Predicación del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro



Tras 15 años asomándose a las pantallas de la RAI (1994-2009), cada sábado, en el programa titulado “A su imagen”, para comentar el Evangelio de cada domingo, con un breve paréntesis de dos años, ahora el Predicador de la Casa Pontificia, P. Raniero Cantalamessa, deja la RAI con la finalidad de descansar y de cambiar de aire y de ambiente. Su último programa, de despedida, será el próximo 21 de noviembre, fiesta de Cristo Rey. Su sustituto será el P. Ermes Ronchi, religioso de la Orden de los Servitas que, actualmente, comenta el evangelio dominical en el diario Avvenire, el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).
El P. Cantalamessa forma parte de la comunidad de la Curia General de la Orden Capuchina, en Roma y, por tanto está muy familiarizado con los que, también por motivos de trabajo, residimos habitualmente en la Curia General ayudando al Ministro General, Fr. Mauro Jöhri, en el gobierno de la Orden. Yo, tengo la feliz suerte, de comer a su lado y, por consiguiente de comentar con él muchas trasmisiones televisivas y muchas de las aventuras que le suceden en el rodaje de los programas, aparte de conocer su visión o comentarios sobre hechos de Iglesia o de la vida social, tanto nacional, como internacional.
Es cierto que el P. Raniero, como Predicador del Papa, predica a la Casa Pontificia los viernes de Adviento y los viernes de Cuaresma en la Capilla “Redemptoris Mater”, así como tiene en la Basílica Vaticana la predicación del Viernes Santo ante la presencia del Santo Padre, la única ceremonia litúrgica que preside el Papa y en la que no predica. El resto del tiempo, el P. Raniero lo pasa predicando aquí y allá, dando ejercicios espirituales a numerosos grupos de obispos, sacerdotes, religiosos o participa en encuentros ecuménicos, donde su palabra y predicación es muy estimada y altamente valorada, o en tantos meeting del movimiento de renovación carismática. Cuando regresa suele contar muchas cosas que le suceden, reacciones, comentarios, aventuras… todo siempre es enriquecedor para los que le escuchamos con avidez y tanto interés.
La RAI, hay que decirlo, ha prestado a estas transmisiones un apoyo económico y de valor sin precedentes. Baste sólo pensar que en el Año Paulino, el equipo de la RAI y el P. Raniero realizaron un largo viaje por las zonas de Turquía y de Asia para realizar una serie de programas dedicados al Apóstol de las gentes; en el mismo sentido ha realizado una serie de programas en Tierra Santa; más cerca del público español y, mucho más afortunadas, han sido las Clarisas de Lerma que han tenido la oportunidad de hacer con él recientemente Ejercicios Espirituales; un breve You Toube de una de estas emisiones, está dando la vuelta al mundo por internet. Después de estos Ejercicios el equipo de la RAI con el P. Cantalamessa ha grabado distintos programas por el Camino de Santiago, el último de los cuales fue rodado en Finisterre, siendo todos muy elogiados por los habituales teleespectadores italianos, ya que estos programas cuentan con un índice de audiencia elevadísimo.
El programa de despedida se rodó en los escenarios de nuestra Curia General, en los momentos de oración (en el coro), en otros ambientes como la cocina, el comedor y la sala de café o el patio-jardín central de la Curia. El P. Raniero ha querido, con este programa, hacer ver a los teleespectadores el ambiente donde vive, las personas con las que convive, ora, come o se distrae y se divierte porque hay tiempo para todo.



El P. Raniero Cantalamessa, nació en Colli del Tronto el 22 de julio de 1934; es miembro de la provincia capuchina de Las Marcas, en 1951 hizo el año de noviciado en Camerino y emitió la profesión perpetua en Loreto en 1955 y aquí, en el 1958, fue ordenado sacerdote. Consiguió el doctorado en teología en Friburgo (Suiza) en el 1962, y la licencia en lenguas clásicas en la Universidad Católica del Sacro Cuore en Milán. En esta Universidad fue profesor ordinario de Historia del cristianismo y, posteriormente, director del Departamento de ciencias religiosas. Desde 1975 hasta 1981 fue miembro de la Comisión Teológica Internacional. En 1979 su vida dio un giro radical, dejó la enseñanza en la Católica de Milán y se dedicó a tiempo pleno al servicio de la Palabra.
En 1980 fue llamado a Roma para tener una predicación por enfermedad del entonces Predicador Apostólico P. Hilarino de Milán; más tarde fue nombrado Predicador de la Casa Pontificia, en sustitución del mencionado Padre y, desde entonces, viene prestando este servicio a la Casa Pontificia, con laudable éxito puesto que a las predicaciones están invitados los cardenales de la Santa Romana Iglesia, los Superiores Generales de las Órdenes religiosas y otros oyentes. Ahora el P. Cantalamessa se haya retirado preparando las próximas predicaciones de Adviento a la Casa Pontificia.
Benedicto XIV decretó (2 de Marzo de 1743) que el predicador de la Cámara Apostólica se eligiese siempre de entre los capuchinos; como para dar a la pobreza el derecho de amonestar a la más alta jerarquía eclesiástica. Predicador apostólico es quien tiene a su cargo los sermones que en Adviento y Cuaresma se predican ante el Papa y los Cardenales.
Terminamos esta noticia con un precioso comentario del famoso predicador de Notre Dame, el P. Lacordaire, que dice: Siempre y en todos los tiempos hubo en la Orden apóstoles de la palabra en todos los países "Los capuchinos con su cordón y sus pies desnudos, - dice el P. Lacordaire - son los apóstoles del pueblo. La Iglesia había preparado en su fecundidad bocas de oro, lo mismo pero boca pobre que para los reyes; había enseñado a sus enviados la elocuencia de la cabaña lo mismo que la de los palacios... Si vosotros, habitantes de las ciudades, necesitáis acentos que no hayáis oído jamás, también los necesita el campesino. El pobre necesita, como vosotros el atractivo de la palabra; tiene entrañas para conmoverse, lugares del corazón donde duerme la verdad, y donde debe sorprenderla la elocuencia y despertarla el sobresalto. Dejadle oír a Demóstenes, y el Demóstenes del pueblo es el capuchino". (Conf. 36 en Notre Dame).











   
 
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