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Fr. José Rodriguez Carballo ofm – reelegido Ministro general
Esta mañana, la asamblea de los 152 representantes de la Orden de los Frailes Menores, reunidas en S. María de los Ángeles en Asís, para el 187º Capítulo general, ha reelegido a Fr. José Rodríguez Carballo como guía para cerca de 15.000 religiosos franciscanos que viven en 113 naciones del mundo.
El rito de la elección ha sido presidido por el Delegado del Santo Padre, S. E. Card. José Saraiva Martins, el cual ha entregado al neo-electo el “sello de toda la Orden de los Frailes Menores”.
Fr. José Rodríguez Carballo tiene 56 años (11.08.1953), y es natural de España.
Ministro General desde 2003, ha desarrollado los siguientes servicios: Definidor general y Secretario general para la Formación y los Estudios; Ministro de la Provincia de Santiago de Compostela (España); Presidente de la Unión de los Frailes Menores de Europa y Maestro de los religiosos en período de formación.
Currículo académico: después de haber obtenido la licenciatura en Teología Bíblica en Jerusalén y la licenciatura en Sagrada Escritura en Roma, ha enseñado estas disciplinas en el Seminario mayor de la ciudad española de Vigo y en la Facultad de Teología de Santiago de Compostela.
Fr. José Rodríguez Carballo es el 119º sucesor de san Francisco. Guiará a los 15.000 religiosos de la Orden de los Frailes Menores hasta el 2015.
En los 800 años de la Fundación de la Orden, los Frailes Menores renuevan, junto a la pequeña iglesia de la Porciúncula (lugar donde ha tenido origen el movimiento franciscano) su compromiso misionero, preparados para encontrar a los “nuevos pobres” de hoy e incrementar su compromiso por la evangelización, el diálogo interreligioso e intercultural y la promoción de la paz.
Curriculum vitae
Provincia: Santiago de Compostela (España)
Nacido: 11.08.1953
Profesión temporal: 09.08.1971
Profesión solemne: 01.01.1976
Sacerdote: 29.06.1977 (por Pablo VI en San Pedro)
Titulos académicos:
Licenciatura en Teología Bíblica (Jerusalén)
Licenciatura en Sagrada Escritura (Roma).
Habla: español, italiano, portugués, francés, inglés
Comprende: catalán
Saludo
de Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal
JOSÉ SARAIVA MARTINS, C.M.F.
Enviado Especial de Su Santidad el Papa
BENEDICTO XVI
al Capítulo General de la Orden de los Hermanos Menores
Asís, 4 de junio de 2009
Queridos hermanos de la Orden de los Hermanos Menores reunidos en Capítulo,
Es para mí una alegría y un don poder estar aquí con vosotros, en ocasión de vuestro Capítulo general, que acontece en una fecha jubilar particularmente significativa, de los 800 años de la fundación de vuestra Orden.
Como me ha escrito el Santo Padre Benedicto XVI en la carta con la cual me ha nombrado Su Enviado Especial para presidir la elección del nuevo Ministro General de vuestra Orden: “Han transcurrido 800 años del día en que el Sumo Pontífice Inocencio III, con suma benevolencia acogió a Francisco de Asís y a sus compañeros, que deseaban abrazar una vida según la forma del santo Evangelio. Él, de hecho, habiendo conocido el voto de los hombres de Dios, dio el propio consentimiento a su petición, bendijo a san Francisco y a sus hermanos, y les dijo: «id con el Señor, hermanos, y como el Señor se dignará inspiraros, predicad a todos la penitencia» (1Cel 33, 6-7)”. Mi presencia aquí, en este día, es el signo de una benevolencia, de una confianza y de una bendición que continúa en el tiempo y que el Señor Papa – como amaba llamarlo Francisco – desea manifestaros, para que continuéis viviendo según la forma del santo Evangelio y hará que continuéis a invitar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo “a la penitencia”, a la conversión, a acoger a Jesucristo como único salvador y a colocarlo en el centro de la vida.
Muchas gracias y muchos frutos han distinguido vuestra Orden en el curso de estos ocho siglos: una multitud de mártires y de santos, algunos de los cuales yo mismo he podido – por decirlo así – conocer de cerca durante mi mandato de Prefecto para las causas de los santos; un compromiso misionera que os ha llevado a entrar en contacto con pueblos, culturas y religiones diversas en todas las latitudes del mundo; la capacidad de estar entre la gente con simplicidad como “hermanos del pueblo”; el apasionado anuncio del evangelio en toda época, con la capacidad de incidir también en las culturas, en la economía y en la sociedad. En el curso de estos ocho siglos, además, ha sido siempre fuerte vuestro vínculo con la Sede Apostólica, tal como lo prevé vuestra Regla, en la cual sois exhortados a “ser siempre súbditos y sujetos al Señor Papa y a la Santa Iglesia de Roma “ (cfr Rb XII,4), y es precisamente por este especial ligamen entre Vuestra Orden y la Santa Sede que me encuentro aquí este día para presidir un acto de suma importancia para vuestra vida y para la vida de la Iglesia, como es la elección del Ministro General.
Ya en la homilía de esta mañana os he recordado lo que vuestra Regla pide, en el Capítulo X, cuando dice que el Ministro, elegido en el Capítulo de Pentecostés, es llamado a ser eso, “ministro y siervo de los demás hermanos”, y que los hermanos le deben obediencia en espíritu de fe y que son invitados a recurrir a él confiadamente, sabiendo que serán acogidos con familiaridad. Os he recordado además que en aquel mismo capítulo de la Regla, Francisco afirma que el anhelo más grande de todo hermano menor debe ser el de tener el Espíritu del Señor y su santa operación, de orar siempre a él con corazón puro y de seguirlo en el camino de la humildad y del amor hasta las últimas consecuencias.
Y bien, queridos hermanos, el acto que vais a cumplir, precisamente a la luz del Capítulo X de vuestra Regla, reviste una particular importancia: es y debe ser un acto de obediencia al Espíritu del Señor; es y debe ser un acto cumplido a partir de una profunda y recíproca confianza que existe entre vosotros; elegiréis de hecho a un hermano que estará a vuestro servicio, al cual os podréis dirigir con confianza y familiaridad, al cual seréis llamados también a expresar una obediencia sincera, que no es solamente formal o canónica, sino que es manifestación de caridad fraterna; es y debe ser un acto en el cual elegiréis a alguien que os ayude y estimule a seguir a Jesucristo por el camino de la radicalidad del Evangelio, hasta el fin, hasta el don de la vida, con coherencia y radicalidad, elegiréis, por tanto, a alguien que pueda visitar y animar a los hermanos de la Orden, pero también amonestarlos y – si es necesario – corregirlos e invitarlos a la conversión.
Vosotros mismos, como responsables del gobierno y de la animación de la diversas Provincias y Custodias de vuestra Orden, seréis los primeros a ser llamados a colaborar con él para visitar, servir, animar y alentar a los hermanos, y también invitándolos a ser radicales y coherentes cuando se trata de vivir la Regla, las Constituciones, los consejos evangélicos; seréis los primeros a ser colaboradores del Ministro general, aún cuando se tratará de llamar a los hermanos a la conversión y cuando fuere necesario corregirlos con la firmeza de un padre, con la ternura de una madre, con la cercanía de un hermano.
Vosotros comprendéis que – ante esta tarea - la invocación del Espíritu Santo no es y no puede ser formal, sino que debe ser hecha con el corazón. Y el Espíritu que hemos invocado y recibido en la celebración eucarística esta mañana, aquel Espíritu que hemos invocado también hace unos instantes, al comienzo de la sesión con el canto del Veni Creator, debe encontrar lugar de acogida en el corazón y en la mente de cada uno de vosotros: para buscar únicamente la voluntad de Dios y el bien de la Orden en este acto de elección, pero también para permanecer abiertos a lo que el mismo Espíritu sugerirá a través de aquel que elegiréis y a través del discernimiento capitular, para vivir una renovada fidelidad a vuestro carisma, en la Iglesia, para el bien de la humanidad y de toda la creación.
Encontrándonos en las cercanías de la Porciúncula invocamos la intercesión de María Inmaculada, patrona de vuestra Orden, que Francisco saludaba como la “Virgen hecha Iglesia” (Sal BVM), “hija y sierva del altísimo y sumo rey, el Padre celestial, madre del santísimo Señor nuestro Jesucristo, esposa del Espíritu Santo” (Ant. OfPas), invoquemos la intercesión de los Santos Francisco y Clara y de todos los santos y beatos franciscanos de estos ocho siglos, a fin que – como me ha escrito el Santo Padre Benedicto XVI – “imploren ante Cristo por esta Familia religiosa audaz fidelidad al carisma de los orígenes y al mismo tiempo nuevo ardor evangélico.
Finalmente deseo transmitiros la Bendición Apostólica del Santo Padre Benedicto XVI – como Él mismo me ha escrito – “prenda del favor celestial y testimonio de Nuestra peculiar benevolencia, bendición otorgada con grande afecto en este año jubilar sobre todos los participantes al Capítulo General”.
El Señor os bendiga y os ilumine con la gracia del Espíritu Santo en la elección del Ministro General de vuestra Orden, para que podáis elegir un hermano capaz de guiaros a ser anunciadores de la Palabra del Señor en medio de todos los pueblos. Amén.
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