NUEVA RESIDENCIA-HOGAR FRAY LEOPOLDO CON MOTIVO DE SU BEATIFICACIÓN

“El amor no pasa nunca”




 
 



Se habla hoy con frecuencia y con cierta ligereza, en referencia a nuestros mayores, del “Alzheimer” o de la falta de memoria, en una palabra, de demencia senil. Es verdad que, a medida que pasa el tiempo, se van perdiendo facultades y la memoria comienza a fallar. Muchas veces exculpamos los hechos de las personas de la tercera edad con su falta de memoria. La mayoría de las veces, por no decir siempre, los ancianos son un estorbo y por no soportar sus “impertinencias”, los metemos en una Residencia para quitarnos un peso de encima y nos lavamos, cínicamente, las manos para poder llevar una vida placentera y cómoda, sin que los mayores nos molesten, ni nos den fastidio con las “cosas” de su ancianidad.
Sin embargo, la verdadera historia de la Iglesia, que es siempre una historia tejida de amor y de santos, no ha perdido la memoria, hasta el día de hoy aún no ha sufrido de “Alzheimer”, ni de demencia senil. Bastaría, por no ir demasiado lejos en el tiempo, con mirar los dos últimos siglos de nuestra Historia reciente, los siglos XIX y XX, dos siglos difíciles para la convivencia y el odio mutuo entre tantos españoles, para ver con qué facilidad, hombres y mujeres de Iglesia, no han perdido la memoria, no se les ha ido la pelota al tejado como vulgarmente decimos, y han estado vivamente presentes en la historia de nuestro pueblo y en la vida de la iglesia, dando lo mejor de sí mismos para hacer frente a este problema de nuestros mayores. Sería infinito el número de Órdenes o Congregaciones religiosas nacidas para atender esta deficiencia de memoria de nuestra actual sociedad. Las residencias de la tercera edad se han multiplicado porque para el hombre de hoy el anciano es, hablando en plata, un estorbo. Vivimos en una sociedad “sin amor”, donde no ha lugar para la caridad, para el amor verdadero.
En el cap. XIII de su 1ª Carta a los Corintios, san Pablo habla de las excelencias y cualidades del amor y dice algo terrible: “El amor no pasa nunca”... Ya podría yo --dice-- tener la lengua de los ángeles, o poseer el don de profecía o el don de hacer milagros, o resucitar muertos... todo esto, con ser cosas tan importantes, carecen de sentido y de valor “si falta el amor”... El don de lenguas, el don de profecías... se acabará..., pero el Amor no pasa nunca, el Amor con mayúscula, que es Dios, no pasa jamás. Un cristiano, que quiera preciarse de tal, no puede olvidar nunca la primacía del amor, pues como escribió Santo Tomás, “la bienaventuranza consistirá en un acto permanente de caridad”. Ahora queda la fe, la esperanza, el amor, estas tres, pero la más grande de todas es el amor, finaliza san Pablo.
Nos encontramos, amigos y devotos de Fr. Leopoldo, en la recta final de un largo camino, de un ansiado y esperado día: el 12 de septiembre, día de la Beatificación de Fr. Leopoldo. Todos nos sentimos contentos de haber llegado a esta meta, de ver a Fr. Leopoldo en los altares. Muchas personas trabajan, con entrega y dedicación, para que la Beatificación resulte un acto hermoso que nos llene de satisfacción a todos. Sin embargo, no podemos perder de vista algo muy importante. Si en algo brilló luminosa y radiante la figura del santo limosnero fue por su caridad, por su amor y entrega desinteresada a los demás. Ninguno de cuantos a él se acercaron, se retiró de su presencia, sin llevarse dentro del corazón la satisfacción de haber sido escuchado por aquel “hombre de Dios”, que con sólo su paso, todo lo dejaba transido de la presencia amorosa de Dios. Al calor de su dulce figura nació, en la década de los años ochenta del siglo pasado, la Residencia-Hogar Fr. Leopoldo, una Residencia por la que han pasado en sus casi ya treinta años de vida, centenares de ancianos, que han sido amorosamente cuidados y que terminaorn sus días rodeados de afecto y de cariño. Es una obra de amor infinita. Por eso sería una sin razón que, con su Beatificación, todo quedara en una expléndida noche de fuegos artificiales, de luces de bengalas que llenan de colorido la oscuridad de la noche, pero que con la misma fuerza que suben, se desvanecen. No queremos ser unos insensatos, unas personas sin razón y, conscientes y plenamente convencidos de que la caridad no pasa nunca, en la misma Granada, que Fr. Leopoldo se pateó de arriba abajo, en una zona expléndida, en el Serrallo, camino de Sierra Nevada, se levantará el edificio de una Nueva Residencia para nuestros mayores, una Residencia adaptada a las necesidades y exigencias del día de hoy. Cuando el ser humano llega a esa edad dorada, llena de sazón, experiencia y sabiduría, que llamamos tercera edad, merece también ser tratado con cariño, con afecto, dándole compañía, haciédole agradable y confortable los días de su jubilación, palabra que significa júbilo, por lo que jubilosos que deben ser también esos días de serenidad.
Será un Hogar acogedor para aquellos hermanos nuestros en situación de dependencia. Casi 9 millones de euros es el presupuesto de la obra, sin contar el equipamiento. Podrán ser atendidas en esta residencia, que llevará el emblema del próximo Beato Leopoldo de Alpandeire, 150 personas, que contará con 14.254,85 m2 metros cuadrados en sus instalaciones.
Dicho complejo va a ser posible gracias al Ayuntamiento de Granada que ha cedido 8.206 metros cuadrados en una zona privilegiada de Granada; gracias también al Ministerio de Salud que ha aportado ya un millón de euros y el compromiso de aportar idéntica cantidad en el 20l0 y dos mil once y la concesión de un crédito blando sin avalistas por parte del Banco Popular por el total de la obra.
Será una obra que haga vivo y actual el eterno y permanente mensaje del Amor que vivió el humilde hijo de San Francisco Fr. Leopoldo de Alpandeire con ocasión de su beatificación el 12 de septiembre del 2010. Pero detrás de esta obra grande, de tal envergadura y dimensiones, lo mismo que detrás de cualquier obra o acción, por pequeña que sea, está siempre el trabajo del ser humano, de aquellas personas que creyeron en el amor de Fr. Leopoldo y los plasmaron en esta obra de caridad.
Este nuevo hogar nace de la necesidad de dar una respuesta ante la demanda de plazas y la carestía de cobertura. La demanda sigue siendo más grande que la oferta y de ahí la necesidad real y sentida de que nuestra Fundación Fray Leopoldo colabore, dentro de sus limitaciones queriendo responder con nuevos conceptos y nuevos planteamientos, con profesionalismo de altas calidades y construyendo este nuevo hogar, que proporcione no sólo una atención a las necesidades y una planta física con un bello paisaje, sino que también responda a la dignidad de la persona.
“A fuerza de amor humano / me abraso en amor divino. La santidad es camino / que va de mí hacia mi hermano. Me di sin tender la mano / para cobrar el favor; me di en salud y en dolor / a todos y de tal suerte / que me ha encontrado la muerte / sin nada más que el amor”, reza un himno litúrgico que tratamos de hacer realidad en este nuevo Hogar. Una nube de amor rodea y empapa la existencia. Quien más ama tiene la razón. Los santos son la gente que amó.






 
   
 
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