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EL P. ARRUPE FUNDADOR DEL SERVICIO DE LOS JESUITAS PARA LOS REFUGIADOS.
El P. Adolfo Nicolás, General de la Compañía de Jesús, celebró días pasados la Santa Misa de conmemoración del Servicio de los Jesuitas para los Refugiados fundado por el P. Pedro Arrupe. Tras la Eucaristía se inauguró una exposición fotográfica con el título “El amor de un hombre”, un homenaje a la visión del padre Arrupe, que recorre las etapas de la historia del Servicio de los Jesuitas para los Refugiados.
Precisamente, el Servicio de los Jesuitas para los Refugiados fue fundado por el propio P. Arrupe el 14 de noviembre de 1980, y en la actualidad, tras más de veinte años de actividad, trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos. La misión confiada al Servicio de los Jesuitas para los Refugiados, comprende a todos los que han sido apartados de sus hogares por los conflictos, los desastres humanitarios o las violaciones de los derechos humanos, de acuerdo con la enseñanza social católica que define como refugiado "de facto" a múltiples categorías de personas.
El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) fue fundado por el entonces Padre General de los jesuitas, Pedro Arrupe SJ, en respuesta al sufrimiento de los “boat people”' vietnamitas, que huían de la guerra de Vietnam en barca, en busca de un lugar seguro. Arrupe hizo un llamamiento de ayuda a los provinciales jesuitas. La respuesta tan radical que recibió le empujó a fundar JRS el 14 de noviembre de 1980.
Hoy día, JRS está presente en más de 50 países, con un personal de unas 500 personas: jesuitas, religiosos de otras congregaciones y laicos, además de los miles de colaboradores refugiados y desplazados. Aunque es una iniciativa modesta, pretende ofrecer una dimensión especial en el trabajo con los refugiados.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Pedro Arrupe vivió en Hiroshima. Vivía a unos pocos kilómetros del epicentro de la bomba atómica. Su residencia estaba protegida por una pequeña colina, y tras la bomba, pudo ser de los primeros en organizar la asistencia a favor de las víctimas. Esta fue una experiencia definitiva para él. El P. Arrupe solía relacionar el problema de los refugiados con la bomba atómica, que no sólo causó estragos entre los objetivos y víctimas inmediatos, sino que sacudió los corazones y la imaginación del mundo entero. Urgió entonces a JRS a trabajar no sólo por las víctimas, sino también por la percepción del fenómeno de los refugiados en el mundo entero, ya que todos estamos tocados y heridos por esta inmensa masa de sufrimiento humano.
En agosto de 1981, mientras estaba en Bangkok con miembros de JRS, dio su última charla como Padre General de los jesuitas, ya que esa misma noche sufrió un derrame cerebral durante su viaje de vuelta a Roma.
En Tailandia, a través de su carta fundacional de JRS, Arrupe puso mucho énfasis en el modo en que deberíamos servir a los refugiados. Insistía en que debemos ``estar con'', más que ``hacer por''. Esto, según él, tendría un impacto en los individuos implicados en el trabajo, y también en toda la Compañía de Jesús. Estaba convencido de que acompañando a los refugiados, la percepción sobre muchas cosas cambiaría.
Para JRS, estar presente con los refugiados quiere decir compartir, acompañar, caminar junto a ellos en el mismo camino. Según una declaración escrita en los años 80: "A ser posible, queremos sentir lo que los refugiados han sentido, sufrir como han sufrido, compartir sus mismas esperanzas y expectativas, ver el mundo a través de sus ojos. Querríamos ser uno con los refugiados y los desplazados para, juntos, empezar a buscar una vida nueva".
Estos ideales iniciales han sido importantes para definir la identidad de JRS, basada en una presencia personal y pastoral, donde se promueve la reflexión sobre las vidas de los refugiados.
En 1995 la misión de JRS fue perfilada: “El Servicio Jesuita a Refugiados acompaña a muchos de estos hermanos nuestros, sirviéndoles como compañeros, y defendiendo su causa en un mundo insolidario''.
En 1980, había seis millones de refugiados en el mundo, y otros cuatro o cinco millones de desplazados internos. En 2000, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estimó que hay unos 50 millones de personas forzosamente desplazadas. Esta cifra incluye a refugiados, desplazados internos, retornados, solicitantes de asilo, y unos 30 millones de desplazados internos.
El aumento en las cifras de la población global refugiada muestra los cambios en las tendencias políticas y sociales de los últimos años. El trabajo inicial de JRS se desarrolló en un contexto distinto al actual. Hasta 1989, los refugiados se enmarcaban dentro de un contexto de Guerra Fría. Pero desde la caída del Muro de Berlín en 1989, los señores de la guerra explotan las identidades étnicas y religiosas para alimentar sus luchas armadas. Las naciones desarrolladas muestran menos interés en los conflictos locales, que han dado lugar al colapso de la sociedad civil, a una violencia endémica y a altos niveles de pobreza. El noventa por ciento de las víctimas de los conflictos de hoy son civiles. El resultado frecuente de los conflictos es un desplazamiento masivo de población, violaciones de derechos humanos, hambre e inseguridad.
Toda región del mundo está hoy afectada por el problema del desplazamiento forzoso. Generaciones enteras en Africa, Oriente Medio, Asia, América o Europa no han conocido otra vida más que la de un campo de refugiados. A los niños se les niega la educación, y pierden la esperanza en el futuro. Los adultos pierden sus responsabilidades, sus conocimientos y experiencias, y su dignidad se ve puesta en duda. Las comunidades se hacen dependientes de la ayuda humanitaria y las culturas se atrofian durante el exilio. Estas generaciones perdidas se quedan en un limbo social, legal y político, a menudo ignorado por la comunidad internacional, o a veces manipulado por los medios de comunicación.
JRS se define como una organización internacional católica, y ofrece a otras comunidades cristianas la posibilidad de participar en una respuesta al problema del desplazamiento masivo de población. Las actividades de JRS varían de un país a otro, pero la misión es siempre la misma: acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados. Los servicios que ofrecemos incluyen asistencia directa en campos de refugiados, en centros de detención de inmigrantes, en zonas urbanas o en campos de desplazados internos. El trabajo se centra principalmente en la educación, especialmente la formación de profesores, ya que creemos que la enseñanza -- tanto formal como no formal -- abre una puerta al futuro. Los equipos de JRS también trabajan en asistencia médica, pastoral, actividades generadoras de ingresos, asistencia psico-social a vulnerables, niños de la guerra o víctimas de minas antipersona. En muchos casos, ofrecemos también una acogida básica y práctica, es decir, una comida, alojamiento, u orientación laboral.
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