Benedicto XVI convoca un “Año Sacerdotal” para el 19 de junio.

Proclamará al santo Cura de Ars patrono de todos los sacerdotes del mundo.


 
 





Sirva de introducción a este magno acontecimiento eclesial la editorial del P. Federico Lombardi, para el informativo semanal Octava Dies, del Centro Televisivo Vaticano, dedicado al Año Sacerdotal, proclamado por Benedicto XVI y que el mismo Papa va inaugurar el próximo viernes, 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús:


«¡También los sacerdotes deber acordarse de rezar! Con estas palabras Benedicto XVI acompaña a menudo la habitual entrega del rosario a los sacerdotes que lo saludan al final de una audiencia o de un encuentro con él. A mí me ha pasado más de una vez. Estas palabras han vuelto a mi mente cuando el Papa proclamó el Año sacerdotal, que está por empezar, en el 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars. Espléndido modelo de espiritualidad y de celo para todos los sacerdotes, sobre todo si están comprometidos en la pastoral.
Es siempre fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose vencer por las actividades y las preocupaciones humanas, dice también el Papa. Vuelven a resonar las palabras del Cura de Ars: ‘Hay algunos que parece que digan así al buen Dios: ‘tengo que decirte sólo un par de palabras, por lo que me voy a apurar para luego alejarme de ti’. Si el problema de la unión con Dios se plantea para todos los cristianos, se plantea en particular para los sacerdotes, interpelados de todas partes al tiempo que su número se queda tan pequeño ante las expectativas.
Es obvio que la santidad de los sacerdotes es, ante todo, responsabilidad de ellos mismos, pero está enlazada también con toda la comunidad de los fieles. Bastan algunos sacerdotes indignos para herir profundamente la credibilidad de la Iglesia. Y, por otra parte, la solidaridad espiritual de la comunidad es un apoyo bien fuerte para su vida espiritual y apostólica. En fin, el Año sacerdotal vale no sólo para los sacerdotes sino para todos»

“La conciencia de los radicales cambios sociales de los últimos decenios debe impulsar las mejores energías eclesiales hacia el cuidado de la formación de los candidatos al ministerio”. Así lo expresó Benedicto XVI cuando recibió a los participantes en la plenaria de la Pontificia Congregación para el Clero.
En este contexto, y en la víspera de su viaje a África, Benedicto XVI decidió proclamar un especial ‘Año Sacerdotal’, que dará comienzo en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, de este 2009 -- es decir el próximo del 19 de junio -- y que coincide con el 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars. El Papa subrayó que este Año especial estará a favorecer la inclinación de los sacerdotes hacia la perfección espiritual de la cual, sobre todo, depende la eficacia de su ministerio.
Asimismo, el Santo Padre señaló que durante este Año sacerdotal, la Pontificia Congregación para el Clero, con la colaboración de los Ordinarios diocesanos y de los Superiores de los Institutos religiosos, tendrá a su cargo “la promoción y coordinación de las iniciativas espirituales y pastorales que se considerarán útiles, con el fin de hacer percibir cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea”.
Centrándose en el tema elegido para la plenaria de la Congregación: “La identidad misionera del presbítero en la Iglesia, como dimensión intrínseca del ejercicio de los tria munera”, es decir, el oficio de enseñar, santificar y guiar, Benedicto XVI sostuvo que ante todo “son un don y sólo consiguientemente un oficio, son primero una participación en una vida y luego una potestad”.
Por ello, el Papa recalcó que “la dimensión misionera del presbítero nace de su configuración sacramental a Cristo y ella lleva consigo, como consecuencia, una adhesión cordial y total a aquella que la tradición eclesial ha señalado como forma de vida apostólica”. El Santo Padre reiteró que “la misión del presbítero -- como evidencia el tema de la plenaria -- se desarrolla en la Iglesia, y esta dimensión eclesial, de comunión, jerárquica y doctrinal es absolutamente indispensable en toda auténtica misión pues garantiza su eficacia espiritual”.
Luego el Papa explicó que conscientes de los radicales cambios sociales de los últimos decenios se deben impulsar las mejores energías eclesiales para cuidar la formación de los candidatos al ministerio. En este sentido, señaló la importancia de favorecer en los sacerdotes, sobre todo en las jóvenes generaciones, una correcta recepción de los textos del Concilio Vaticano II, interpretados a la luz de todo el bagaje doctrinal de la Iglesia.
Por otra parte, Benedicto XVI subrayó que “también se presenta la urgencia de la recuperación de aquella conciencia que impulsa a los sacerdotes a estar presentes, ser identificables y reconocibles tanto por el juicio de fe y las virtudes personales, como por el hábito, en los ambientes de la cultura y de la caridad, desde siempre en el corazón de la misión de la Iglesia”.
Benedicto XVI concluyó su discurso haciendo hincapié en la centralidad de Cristo, que lleva consigo la justa valoración del sacerdocio ministerial, sin la cual “no habría ni Eucaristía ni, mucho menos, la misión y la misma Iglesia”. En este sentido, recomendó el Papa, «es necesario vigilar para que las ‘nuevas estructuras’ y organizaciones pastorales no se piensen para un tiempo en el cual se debería ‘prescindir’ del ministerio ordenado, partiendo de una errónea interpretación de la justa promoción de los laicos, porque en este caso se sentarían los presupuestos para una mayor dilución del sacerdocio ministerial y las eventuales presuntas ‘soluciones’ coincidirían dramáticamente con las reales causas de las problemáticas contemporáneas ligadas al ministerio».

Especial ‘Año sacerdotal’ en el 150 aniversario de la muerte de Juan María Vianney

Con ocasión del 150 aniversario de la muerte de Juan María Vianney, el cura de Ars, Su Santidad el Papa anunció que, desde el 19 de junio de este año 2009 al 19 de junio de 2010, tendrá lugar un especial Año Sacerdotal, que tendrá como tema: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. El Santo Padre lo abrirá presidiendo él mismo la celebración de las Vísperas el 19 de junio próximo, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y Jornada de santificación sacerdotal, ante la presencia de la reliquia del cura de Ars, que será traída a Roma por el obispo de Belley-Ars; y lo clausurará el 19 de junio de 2010, participando en un “encuentro mundial sacerdotal” en la plaza de San Pedro.
Durante este año jubilar, Benedicto XVI proclamará a San Juan María Vianney “patrono de todos los sacerdotes del mundo”. Será publicado además el “Directorio para los confesores y directores espirituales” junto a una antología de textos del Sumo Pontífice sobre temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal en la época actual. La Congregación para el clero, de acuerdo con los Ordinarios diocesanos y los Superiores de los Institutos religiosos, se ocupará de promover y coordinar las distintas iniciativas espirituales y pastorales para subrayar la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea, así como la necesidad de potenciar la formación permanente de los sacerdotes y los seminaristas.
Los sacerdotes y fieles que realicen unos determinados ejercicios de piedad durante el Año Sacerdotal recibirán la indulgencia plenaria. Así informa un decreto hecho público en mayo por la Oficina de Información de la Santa Sede, firmado por el cardenal James Francis Stafford y el obispo Gianfranco Girotti, O.F.M. penitenciario mayor y regente de la Penitenciaría Apostólica, respectivamente.
El decreto explica detalladamente las modalidades para la obtención de las indulgencias.
En primer lugar, podrán obtener la indulgencia plenaria los sacerdotes que "arrepentidos de corazón", recen cualquier día los Laudes o Vísperas ante el Santísimo Sacramento expuesto a la adoración pública o en el sagrario y, siguiendo el ejemplo de San Juan María Vianney, se ofrezcan para celebrar los sacramentos, sobre todo la Confesión, "con espíritu generoso y dispuesto".
El texto señala que los sacerdotes podrán beneficiarse de la indulgencia plenaria aplicable a otros sacerdotes difuntos como sufragio, si en conformidad con las disposiciones vigentes se confiesan, comulgan y rezan por las intenciones del Papa.
También recibirán indulgencia parcial, siempre aplicable a los hermanos en el sacerdocio difuntos, "cada vez que recen oraciones debidamente aprobadas para llevar una vida santa y cumplir los oficios que se les han confiado".
Por otra parte, todos los cristianos podrán beneficiarse de la indulgencia plenaria siempre que "arrepentidos de corazón" asistan a la Santa Misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo y cualquier obra buena.
Todo ello complementado con el sacramento de la confesión y la oración por las intenciones del Papa "los días en que se abre y se clausura el Año sacerdotal, el día del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, los primeros jueves de mes o cualquier otro día establecido por los Ordinarios de los lugares para la utilidad de los fieles".
Los ancianos, los enfermos y todos aquellos que por motivos legítimos no puedan salir de casa, también podrán obtener la Indulgencia plenaria, si con ánimo alejado del pecado y el propósito de cumplir las tres condiciones necesarias tan pronto como les sea posible, "en los días indicados rezan por la santificación de los sacerdotes y ofrecen a Dios por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y sufrimientos".
El decreto indica que se concederá la Indulgencia parcial a todos los fieles cada vez que recen cinco Padrenuestros, Ave Marías y Glorias, y otra oración debidamente aprobada "en honor del Sagrado Corazón de Jesús para que los sacerdotes se conserven en pureza y santidad de vida".
El texto señala que el santo Cura de Ars "aquí en la tierra fue un maravilloso modelo de verdadero pastor de la grey de Cristo".
También destaca que las indulgencias pueden ayudar a los sacerdotes, junto con la oración y las buenas obras, a obtener "la gracia de resplandecer con la fe, la esperanza, la caridad y las demás virtudes" y "mostrar con su conducta de vida, también con su aspecto exterior, que están plenamente dedicados al bien espiritual de la gente".




   
 
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