HOMILIA EN LA EUCARISTÍA DE LA IGLESIA DE CAPUCHINOS CON MOTIVO DEL 50 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SIERVO DE DIOS FRAY LEOPOLDO DE ALPANDEIRE


Mi querido P. Provincial. PP. Capuchinos, religiosos, religiosas, personas consagradas y fieles cristianos laicos. Hermanos y hermanas. Amigos todos.


“Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos” “Dios ha elegido lo necio del mundo... lo débil de mundo.., lo despreciable del mundo.... lo que nada vale para anular a los que son algo, para que nadie pueda gloriarse ante Dios” (1 Cor 1, 27- 29). “Engrandece mi alma al Señor.., porque ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1, 47).



¡Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, por el don que nos otorgó en la persona de Fray Leopoldo de Alpandeire! ¡Bendito sea Dios porque hoy nos concede la gracia de contemplar a Fray Leopoldo con una mirada de amor y de Iglesia. La Iglesia, nuestra Madre, está abierta a proclamar en su día al venerable Fray Leopoldo como enriquecido por Dios con la sabiduría de los Santos! Fray Leopoldo nos ofrece el testimonio de Un pobre evangélico.
Hoy, el venerable Fray Leopoldo de Alpandeire es un testigo del Evangelio que hay que conocer. Hoy, Fray Leopoldo, ante la nueva evangelización, es un modelo que hay que acoger. Él, en su tiempo, fue uno de estos testigos de los que nos habla el Papa Benedicto que necesita nuestro tiempo. Hoy, hay que dar a conocer la vida y el testimonio de Fray Leopoldo.

1. Fray Leopoldo de Alpandeire una lámpara que no se apaga, su testimonio sigue estando vivo.

Esta mañana otoñal he querido y he podido estar con vosotros en la celebración del 50 aniversario de la muerte de Fray Leopoldo de Alpandeire.
Celebramos esta Eucaristía dentro del marco del Adviento, tiempo de esperanza. En este tiempo de Adviento, Santa Maria del Adviento, ocupa un lugar central. El testimonio vivo y permanente de Fray Leopoldo no pasa, pervive aún.
Este tiempo de Adviento nos enseña a aprender a vivir con esperanza, Santa María del Adviento, “esperó con inefable amor de madre”. Dentro de este marco litúrgico tratemos de conocer a Fray Leopoldo.

2. Conocer a Fray Leopoldo, como testigo de la ingenuidad evangélica.

Fray Leopoldo nace en Alpandeire, el 24 de Junio de 1864 y muere en Granada el día 9 de Febrero de 1956, en el corazón de la noche, a la 1’45 de la madrugada. Vivió 92 años. Fray Leopoldo, ya desde su adolescencia, manifestó la intención de hacerse religioso. Sin embargo, entraría de capuchino a los 35 años. Pronto conoció a dos capuchinos que llegaron a predicar a Ronda, ciudad donde murió y es venerado el Beato Fray Diego José de Cádiz. Fray Leopoldo más tarde gritaría: “Quiero ser capuchino como ellos”. El llevaba una vida de silencio en el campo entre los matorrales y las encinas.

Conocer a Fray Leopoldo es conocer a un verdadero testigo de vida evangélica, de humildad y pequeñez y simplicidad evangélica. Ya desde joven socorra a los pobres con su propia comida de pastorcillo. Leopoldo dio a los pobres sus propios zapatos.
Es don y es gracia conocer a Fray Leopoldo en su servicio de limosnero por las calles y plazas de Granada. También fue un contemplativo entre el agua de las acequias, las hortalizas y los frutales. Un gran contemplativo como limosnero.

3. Te doy gracias, Padre.

La Palabra de Dios que es una historia de amor nos ha revelado el Espíritu que animó a Fray Leopoldo de Alpandeire corno limosnero por las calles y plazas de Granada.
En la historia de la salvación y en la Iglesia el Espíritu del Señor actúa desde la creación, dando vida a todos los seres (Gn 1, 27); suscita a los jueces (Jn 3,10); inspira a los 1woíeias (Núm 11,1 7); este espíritu de los profetas será dado al Mesías, el Espíritu del Señor, el Espíritu de Y1iaveh; espíritu de sabiduría e inteligencia, de consejo y temor de Dios (Cf. Is 1, 1-3). Este mismo espíritu es el que alentó a Fray Leopoldo de Alpandeire. El gran maestro de Fray Leopoldo fue el Espíritu Santo. En esta oración de acción de gracias nos unirnos a la oración de Jesús: En aquel momento, Jesús, lleno del Espíritu Santo, exclamó: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y entendidos y se las ha revelado a los pequeños. Sí Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quien es el Hijo sino el Padre; y quien es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10. 21-22), Fray Leopoldo de Alpandeire fue diseñado por este mismo Espíritu del Señor como limosnero en la ciudad de Granada. Y a él se le dio a conocer Jesucristo, porque tuvo un corazón pequeño, sencillo, humilde y pobre. Así le pareció bien al Señor. Por eso Fray Leopoldo es como una lámpara que no se apaga.

4. El gemido de un pobre evangélico.

En medio de esta fuerte oleada de laicismo que estamos padeciendo, ha afectado al ambiente y a la atmósfera que respiramos: debilitamiento de la vida de fe y evangélica.
La palabra más temible que haya sido pronunciada contra nuestro tiempo es esta: “Posiblemente hemos perdido la ingenuidad evangélica”. Es decir: el hombre enorgullecido de su ciencia y de sus técnicas, ha perdido algo de su simplicidad e ingenuidad evangélica. El cristianismo había asumido la vieja sabiduría campesina y natural nacida del contacto del hombre con la tierra. Pero el hombre tenía entonces raíces poderosas. El hombre participaba del mundo ingenuamente. Al perder esta “ingenuidad” el hombre ha perdido también el secreto de la felicidad. La palabra del Evangelio no ha aparecido jamás tan cargada de verdad humana: “si no os hacéis cuino niños no entraréis en el reino de los cielos”.
En este camino que conduce a la infancia espiritual un hombre tan simple y tan pacificador como San Francisco de Asís, tiene algo que decirnos, sobre todo, porque en esta fuente bebió Fray Leopoldo. Decía San Francisco de Asís, en plena Edad Media: “¡Salve, Reina Sabiduría, que Dios te salve con tu hermana la pura simplicidad!”. Sentimos demasiado claro que no puede haber sabiduría para nosotros tan ricos en ciencia sin una vuelta a la pura “simplicidad”. Pero ¿quién mejor que el pobre de Asís puede enseñamos lo que es la pura simplicidad? ¿quién mejor que Fray Leopoldo nos puede enseñar lo que es la sencillez evangélica y la simplicidad, que el contempló en el Evangelio y en San Francisco de Asís?
Un concepto bíblico de “simplicidad evangélica e ingenuidad” es el que aparece en el Magníficat y en la primera Carta a los Corintios: En el Magníficat María reconoce en sí el estilo de la fuerza de actuar que Dios tiene, “que ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1,47). En la primera carta a los Corintios, Pablo individualiza el mismo estilo de actuación: “Dios ha escogido lo necio del mundo para humillar a los sabios, lo débil del mundo para confundir a los fuertes, lo plebeyo y despreciable del mundo, lo que no vale nada para anular a los que son algo para que nadie pueda gloriarse ante Dios” (l Cor 1,21-29). El mismo Jesús invitaba a ir por este camino, cuando decía: “si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. (Lc 18,17)
En esta dirección hay que entender el “gemido de un pobre evangélico”. Francisco de Asís decía: “Conozco a Jesucristo pobre y crucificado, y eso me hasta “. Y hoy Fray Leopoldo en este siglo XX y XXI nos ofrece su testimonio como el “gemido de un pobre evangélico” que nosotros debemos acoger.
Fray Leopoldo hablaba poco. Muchas veces se limitaba a responder con frases hechas, refranes. El silencio ha sido el lenguaje de los capuchinos según el estilo de San Francisco, que lo recomendaba. Fray Leopoldo tenía un modo muy especial de decir su “fiat” que para bien o para mal, la vida le proporcionó abundantemente. A menudo solía repetir: “Todo sea por amor de Dios” o, con humilde aceptación, decía: “Sea lo que Dios quiera”. Él, también, pronunció su “fiat” y su “magníficat” como la Virgen. El tenía una gran devoción a Santa María, la Divina Pastora de las almas.
Fray Leopoldo había sido un humilde fraile capuchino que había recorrido las calles de Granada todos los días “pidiendo limosna, de puerta en pueda, durante 50 años”. Este es el gemido de un pobre evangélico, de una lámpara que no se apaga.

5. Eucaristía y acción de gracias.

En este 50 aniversario de la muerte de Fray Leopoldo demos gracias a Dios por el don que nos otorgó en su persona y por los dones con los que lo enriqueció. Hoy, queridos hermanos, hacen falta, testigos con el estilo, el talante y la simplicidad evangélica del venerable Fray Leopoldo de Alpandeire para emprender la nueva evangelización. Se necesitan testigos del evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, como Fray Leopoldo conoció al hombre de su tiempo; se necesitan contemplativos enamorados de Dios, como Fray Leopoldo; en definitiva se necesitan Santos.
En esta Eucaristía acojamos el testimonio del venerable Fray Leopoldo. Este malagueño ilustre de nacimiento y granadino testimonial que llevó por todas las calles y plazas de la bella Granada la buena nueva del amor de Dios y la vida nueva que viene del Evangelio, con simplicidad y sencillez evangélica.
Acojamos su testimonio como una lámpara que no se apaga y esperamos que pronto sea elevado a los altares. Que Santa María de las Angustias a la que él tantas veces visitó y la Divina Pastora de las almas, nos acompañe ahora y siempre a todos nosotros.


Al final de la Eucaristía Mons. Antonio Ceballos dejó esta firma-dedicatoria en el Libro de Oro de la Vicepostulación.

“He celebrado la Eucaristía en el 50 aniversario de la muerte de Fray Leopoldo. En la Homilía he mostrado el testimonio de un testigo del Evangelio, que siempre vivió con sencillez e ingenuidad evangélica.
Fray Leopoldo es como una llama que no se apaga. Acojamos su testimonio a la hora de la evangelización de este siglo XXI. Deseo que pronto esté reconocido en toda la cristiandad como un Santo.”

Firma: Mons. Antonio Ceballos, obispo de Cádiz-Ceuta.