VIII Centenario del Nacimiento de la Familia Franciscana

     
Durante el año 2009 todos los franciscanos celebran el Octavo Centenario del nacimiento de la gran Familia Franciscana, puesto que en el año 1209 San Francisco recibió del Papa Inocencio III la “forma vitae”, o aprobación oral de la Regla, para iniciar el camino de la fraternidad con sus primeros compañeros.

El día 15 del febrero, con motivo del VIII Centenario de la fundación de la Orden, tuvo lugar una solemne celebración de la Eucaristía, presidida por fr. José Rodríguez Carvallo, ministro general OFM, presidente de turno de la Unión de Ministros Generales. Estaba presente también el ministro general de los Capuchinos, fr. Mauro Jöhri, que se halla de visita a varias Provincias Capuchinas de la Península Ibérica y el vicario general de los Conventuales. La Eucaristía fue retransmitida por TVE2 a las 10,30 h. .



“El Señor me concedió a mí, hermano Francisco, que así empezase a hacer penitencia; porque como yo estaba envuelto en pecados, me parecía muy amargo ver los leprosos; y el mismo Señor me llevó entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y, apartándome de ellos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo” (Testamento).



Era el pasado domingo 15 de febrero. La Iglesia de San Francisco el Grande lucía de nuevo todo su esplendor, tras 27 años de obras de restauración y combate contra el desgaste, la erosión y la humedad. El pasado 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, se reabrió finalmente la iglesia tras la retirada de los eternos andamios. Los últimos dos meses tuvo que estar cerrada al culto para facilitar las labores de limpieza. Aunque los andamios se levantaron en 1974, durante muchos años las obras estuvieron paralizadas. La restauración ha corrido a cargo de la Institución de la Obra Pía de los Santos Lugares —dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores—, del Instituto de Patrimonio Histórico Español, y del Ministerio de Cultura.
Todos los desperfectos del interior se produjeron por la entrada de aguas por los tejados —en malas condiciones—, lo que atacó a frescos y pinturas, ahora ya restaurados. Estando ya los andamios puestos, decidieron arreglar primero la parte exterior. Se restauró la cúpula por fuera, con chapas de aluminio, y su maravillosa iluminación nocturna permite distinguir a San Francisco el Grande desde diversos puntos del sur de Madrid. Algunos arcos, además, se tuvieron que rehacer de nuevo, ya que corrían el riesgo de derrumbarse. Actualmente ya sólo quedan algunos pequeños detalles por terminar, como la mejora de su iluminación interior.
Cuenta la tradición que por aquí plantó su tienda san Francisco de Asís, camino de peregrinación a Santiago. Pasó tiempo en una cabaña, como la que hacían entonces los franciscanos, hecha de tabla con ramas. Posteriormente hubo un pequeño y sencillo convento de franciscanos. La humilde ermita levantada en Madrid en aquellos primeros tiempos, fue reconstruida y ampliada, a fines del siglo XVI, y fue designada con los nombres de Jesús y María. Más tarde se pensó en hacer una iglesia más grande en honor de san Francisco. Fue construida por diversos arquitectos: fray Francisco Cabezas, Antonio Pló y, finalmente, Sabatini.
Intervino la Obra Pía de los Santos Lugares, ya que esta casa siempre ha sido centro de misiones franciscanas para Tierra Santa y Marruecos. El padre Superior y Rector de la basílica, manifiesta que "por ser nuestra provincia franciscana de Granada la que más misioneros tiene en Tierra Santa, nos encargaron el servicio de esta casa. Muchos de los que están en Tierra Santa han pasado por aquí. Unos 24 franciscanos de nuestra provincia de Granada llevan allí toda la vida trabajando". Actualmente son ocho los hermanos franciscanos que atienden esta bella basílica.
La grandiosidad con la que este templo, verdadero monumento artístico, está hecho se deja ver especialmente en la majestuosa cúpula rebosante de belleza, de 33 metros de diámetro —mayor que Los Inválidos, de París, o que San Pablo, de Londres—, en la maravillosa fachada neoclásica de Sabatini, en la espléndida sillería procedente del monasterio del Paular, en la variedad de mármoles o en su espectacular rotonda circular central, sobre la que se asienta la cúpula, junto a las seis capillas laterales que la circundan. Entre éstas, sobresale la capilla en la que se venera a la Bienaventurada Virgen María del Olvido. El deseo de realizar una gran cúpula provenía del Templo de Jerusalén, origen de la Obra Pía.
Este suntuoso templo data del año 1784. Se tardó 23 años en construirlo, algo menos de lo que ha durado la restauración actual. Su primorosa decoración viene de 1884. Aunque desde un principio continuó como iglesia dedicada al culto, tras el rito solemne de la bendición litúrgica, hubo que esperar hasta 1962 para que el templo de San Francisco fuese consagrado —requisito éste necesario para recibir el honor y la categoría de basílica—. La iglesia está dedicada a la Santísima Virgen, bajo el título de Nuestra Señora de los Ángeles. Fue el Papa Juan XXIII quien —tras recibir las preces de honrar a este templo con el título de basílica— le concedió en 1965 la dignidad de Basílica Menor.
Los madrileños sienten un cariño especial por San Francisco el Grande, la consideran uno de los monumentos que más luce de Madrid y la obra más grandiosa, ya sea desde el punto de vista arquitectónico, escultórico o pictórico. Sin ir más lejos, en su interior encontramos doce majestuosas esculturas de los doce apóstoles —en mármol de Carrara y de casi 3 metros de altura—, que rodean toda la base de la cúpula, y en el ábside cuatro enormes esculturas en madera policromada de los cuatro evangelistas. Junto a otros pintores del siglo XVIII, de sus muros cuelgan cuadros de Goya y de Zurbarán. A escasos metros de la catedral de La Almudena nos encontramos ante un museo viviente, centro de vida religiosa, de pastoral irradiación, y toda una obligación en cualquier visita por la capital de España que se precie.

 
 


Aprovechando que el evangelio de ese domingo trataba de la curación de un leproso por parte de Jesús y de cómo la conversión de Francisco inició con aquel beso al leproso en las cercanías de Asís, sería a partir de ese momento cuando para Francisco “aquello que antes le resultaba amargo se le volvió dulzura para el alma y para el cuerpo”, temática que en este VIII Centenario de La Vuelta a los orígenes, subrayó con fuerza, Fr. José Rodríguez Carballo en su homilía, invitando a todos los franciscanos a redescubrir y a vivir con intensidad esa gracia de los orígenes.
Fue muy emotiva la procesión de las ofrendas en cuyo acto intervino, portando un hermoso cesto de flores, Encarnación del Pozo, Ministra General de la OFS.

 
 
Vista exterior de la Iglesia de san Francisco el Grande (Madrid)
   
 
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