24 de mayo: Traslación del cuerpo de Santo Domingo de Guzmán


Domingo quiso ser sepultado en la iglesia de San Nicolás de las Viñas (San Nicoló delle Vigne) “bajo los pies de sus frailes”. Inmediatamente muchos enfermos testimoniaron haber sido curados en el sepulcro del santo, pero los frailes no fueron propensos a reconocer estos milagros y destruían todos los exvotos que les daban como acción de gracias por las curaciones. Finalmente por voluntad expresa del papa Gregorio IX, gran amigo del santo, dentro de la asamblea del capítulo general, presidido por el Maestro de la Orden beato Jordán de Sajonia y en presencia del delegado pontificio: el arzobispo de Rabean, Teodorico, se hizo la traslación de su cuerpo a un sarcófago de mármol el día 24 de mayo de 1233, martes de la octava de Pentecostés, cuya antífona de entrada en la celebración eucarística, tomada del libro IV de Esdras (extracanónico), (2, 37) cantaba: Recibid el gozo de vuestra gloria, dando gracias a Dios que os ha llamado a los reinos celestiales, mientras un olor maravilloso se extendía desde el sepulcro del santo. Esto supuso el principio del proceso de canonización, que el mismo papa Gregorio IX haría desde Rieti un año después, el 3 de julio de 1234. Debido a la voluntad expresa del Papa Gregorio IX y la devoción de sus fieles y seguidores, se realizó la traslación de sus restos, acontecimiento que tuvo lugar el 24 de mayo 1233: «apenas se levantó la losa comenzó a exhalarse un perfume maravilloso, cuya fragancia pasmó a todos los presentes».



La oración de Domingo estaba viva cual perfume concentrado en su tumba y su aroma se expande como lo dice el salmista: cual oración que sube como incienso a la presencia del Señor, inspirando así una nueva forma de comprender al «Homo Orans» que aún se conoce en los medios de piedad popular como el «olor de santidad».
Podemos entonces retomar las palabras de Constantino de Orvieto: «¿no es cierto que el Señor bendijo a aquél que había colmado de dulzura? Bendiciones fueron las virtudes que, bajadas del cielo, hicieron que brillara mientras vivió; bendiciones fueron también las fragancias que salieron de su sepulcro, una vez muerto. Por eso hay que recordarle como una bendición de Dios».

El año 1267 el beato Juan de Vercelli, sexto Maestro de la orden, ordenó la construcción de un arca de mármol espléndida, realizada por Nicolás de Pisa y completada por Nicolás de Bari. El sepulcro fue abierto de nuevo bajo el Maestro de la Orden beato Raimundo de Capua el 15 de febrero de 1383 para sacar la cabeza, que ahora se halla en relicario aparte. Esta fue la última vez que fueron sacados a la luz los restos de Santo Domingo. El 11 de noviembre de 1411 el arca marmórea fue trasladada a una capilla especial y el 25 de abril de 1605 a la actual. Finalmente el 17 de abril de 1943, para salvarlos del peligro de la incursiones aéreas, los restos fueron colocados en un refugio blindado y con esta oportunidad se hizo un estudio radiológico cuidadoso del cuerpo del santo y se reconstruyó su fisonomía real, para el 15 de septiembre de 1946 y dentro de la celebración de capítulo general electivo, presidio por el Maestro de la Orden fray M. S. Gillet, ser colocados de nuevo en la magnífica arca.




 
 
Santo Domingo. Beato Angélico

   


 
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