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ACONTECIMIENTO LARGAMENTE ESPERADO POR MILES DE DEVOTOS
‘Y no deseado por un grupo de fanáticos’, podría ser la continuación del título de esta crónica de un hecho que ha creado las mayores expectativas en tantísimos devotos del Padre Pío y que, sin duda alguna, será un momento de gracia para quienes deseen, hacia finales de abril, a partir del día 24, acercarse a venerar los sagrados restos de un hijo fiel seguidor de Francisco, cuya vida, al igual que la del Seráfico Padre, estuvo marcada por llevar ambos en su cuerpo impresas las Sagradas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo.
Era el 2 de marzo del 2008, Domingo. El sol esplendoroso de una jornada primaveral, caía dorando suavemente los montes y las colinas del Gárgano, de San Giovanni Rotondo, dando un brillo suave y variopinto a tantos almendros en flor de aquellas rocosas tierras de la Pulla italiana. Desde la Curia General de los Capuchinos de Roma, acompañando al Ministro General, Fr. Mauro Jöhri y todo su Consejo, con los responsables de la Postulación General de la Orden Capuchina, llegábamos al Convento capuchino del Padre Pío con el ánimo anhelante por ver algo que no sucede todos los días: la reexhumación de los venerados restos de San Pío de Pietrelcina, un hecho que ha despertado un interés mediático inmenso ya que muchísimos eran los periodistas y medios televisivos que esperaban los resultados.
Más de 100 capuchinos de la Provincia di Foggia, llamada desde la canonización del santo de Pietrelcina: Provincia del Santo Ángel y Padre Pío, 15 religiosos de la Curia General de la Orden, todo el Tribunal eclesiástico completo: Juez Delegado, Notario Actuario y un numeroso grupo de técnicos: Peritos médicos, albañiles, carpinteros…, las dos personas curadas que llevaron al capuchino a la beatificación y a la canonización, familiares directos del Padre Pío, participaron en el acto presidido por el arzobispo de Manfredonia – Vieste – San Giovanni Rotondo, Mons. Domenico Umberto D’Ambrosio, delegado de la Santa Sede para el Santuario y las Obras del Padre Pío, el arzobispo de Foggia y algunos obispos más de las diócesis cercanas. Contó, además, con un nutrido grupo de personal para atender el acto y a los asistentes en todos los servicios: acomodadores, carabinieri, acólitos, lectores…
Para no hacer tan larga la ceremonia de exhumación y teniendo en cuenta que la apertura de la sepultura exigiría un laborioso trabajo, el arzobispo Mons. D’Ambrosio, la tarde del 28 de febrero, convocó a todo el personal técnico que participaría en el acto: tribunal eclesiástico y todos los peritos, albañiles, carpinteros, cristaleros, soldadores, quienes advertidos de la misión que habrían de cumplir, hicieron el juramento previsto por la normativa eclesiástica. Esa misma tarde fue removida, mediante grúa, el bloque de mármol verdoso que se hallaba encima de la losa de mármol rojizo que cubría la tumba; ambas fueron quitadas esa tarde para dejar más libre el ambiente.
Ya el domingo, la ceremonia comenzó a las 10 de la noche y duraría hasta pasadas las doce; estuvo enmarcada por la celebración del oficio de lecturas de la fiesta de San Pío de Pietrelcina; la parte musical corrió a cargo del coro de los postnovicios de las Provincias Capuchinas del Sur de Italia, con sede en Campobasso. El Oficio de las Celebraciones Litúrgicas del concento de los HH. Menores Capuchinos de San Giovanni Rotondo había preparado un precioso libro para el seguimiento del acto. Acabado el Oficio de Lecturas y la homilía del arzobispo quien habló del sentido del acto eclesial que estábamos realizando, el Notario dio lectura al acta oficial de la sepultura del Padre Pío acaecida el 26 de septiembre de 1968. Seguidamente el arzobispo ordenó a los albañiles y demás oficiales a proceder a la reapertura de la sepultura. Fue un momento de máxima emoción en el que todos los presentes contuvimos el aliento; en la cripta se hizo un máximo silencio cuando estaba para llegar el momento decisivo que nos había convocado esa noche.
Los albañiles con potentes palancas comenzaron a levantar las piezas de cemento que cubrían la sepultura, se necesitó esfuerzo y trabajo. Finalmente se oyó muy bajito un ¡oh! de admiración cuando removida la primera pieza de cemento se vio una parte de la madera del ataúd, las sucesivas piezas de cemento fueron más fácil de levantar una vez que se quitó la primera. Finalmente, en la tumba excavada en el suelo, se dejó ver completamente la caja de madera que aparecía bastante sucia y con el crucifijo y las asas llenas de herrumbre y mohosas, donde se encontraban los venerados restos de San Pío.
Sacada la caja fuera de la tumba con sogas potentes -- se pudo constatar que pesaba bastante -- fue colocada sobre un carro con ruedas y se procedió a la limpieza exterior de la caja; luego esta vino colocada delante de la sede del arzobispo quien procedió personalmente a la inspección externa de la misma para constatar si había sido abierta o violentada; verificados estos extremos, ordenó a los carpinteros abrieran la caja, lo que hicieron de inmediato, mientras la emoción contenida iba creciendo en los que participábamos en el acto. Tras la tapa de madera apareció una lámina de cinc cerrando herméticamente la caja; el arzobispo ordenó a los soldadores abrirla, cosa que hicieron. La emoción llegó a su culmen cuando se levantó la tapa de cinc y apareció otra de cristal que contenía interiormente bastante humedad y gotas de agua pegadas al cristal. Los restos del P. Pío se pudieron ver algo con bastante dificultad por la humedad del cristal. El Sr. Arzobispo procedió a incensar los venerados restos, mientras el coro y los presentes cantabamos el Te Deum laudamus.
Siguió el canto de la letanía de los Santos, sucesivamente la caja fue trasladada a una habitación cercana, previamente preparada, donde los cristaleros extrajeron a base de ventosas el cristal y sólo el arzobispo y cinco miembros del Tribunal vieron en directo los sagrados despojos del capuchino de Pietrelchina, que, según refirió después el arzobispo, la parte superior (cabeza) – al decir de los médicos -- estaba en estado esquelético mientras el resto parecía estar momificado; no se hicieron mayores inspecciones por la humedad que había, sí tocaron las rodillas y el resto y se pusieron en funcionamiento unos grandes secadores, al objeto de secarlo bien y poder realizar, cuanto antes, las operaciones sucesivas de conservación y mantenimiento.
Antes de la bendición conclusiva, tomó la palabra el Ministro General de la Orden, Fr. Mauro Jöhri, para agradecer la presencia de todos: autoridades eclesiásticas y civiles, tribunal, oficiales que habían asistido al acto. Sus palabras fueron un canto de agradecimiento a Dios por el “don del Padre Pío a la Iglesia, a la Orden y a la comunidad cristiana. Hemos visto con nuestros propios ojos el ejemplo de humildad que siempre fue y supuso el P. Pío; no nos hemos encontrado con ningún espectáculo, ningún olor especial, ninguna asunción a los cielos, nada de nada de cuanto se ha hablado, sólo el ejemplo luminoso de su vida de pobreza y humildad; por eso sigue hoy siendo venerado”.
Cuando el lunes 3 de marzo dejábamos San Giovanni Rotondo, ya había unas 80.000 personas inscritas para visitar y venerar los restos de San Pío de Pietrelcina, con su día y su hora anotada, para evitar el tener que hacer cola. Se puede hacer abriendo el sitio web de www.teleradiopadrepio.it
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