Se abre en Bérgamo el Proceso diocesano del S. de D. P. Alberto Beretta, Capuchino y hermano de Santa Juana Beretta Molla.

Centro Social "P. Alberto" en Grajaú, Brasil.




El 10 de agosto del 2001 moría en Bérgamo el P. Alberto Beretta, médico, sacerdote, capuchino y misionero. Había nacido en Milán el 28 de agosto del 1916. Los padres, Alberto y María De Miccheli, le impusieron en el bautismo el nombre de Enrique. De joven entró en la Acción Católica y fue un gran educador de los muchachos para los que fundó los “focolares” que él mismo seguía con pasión y dedicación. Se licenció en Medicina en la Universidad de Milán. La familia tenía amistad con los Capuchinos del convento de Viale Piave de Milán y los padres pertenecían a la Orden Franciscana seglar. El deseo de hacerse sacerdote, religioso y prodigar su obra como médico a favor de los pueblos del Noreste de Brasil, lo llevó a cultivar el proyecto de irse al Estado brasileño de Maranhão. En esta región los capuchinos lombardos desarrollaban y, aún hoy continúan ejerciendo, una extensa obra de evangelización y de promoción humana. Entró en el noviciado capuchino de Lovere a donde le llegó la llamada al servicio militar y tuvo que marchar a Florencia. Con la caída del fascismo pasó a Suiza donde continuó haciendo las prácticas de medicina e hizo en Friburgo los dos primeros años de teología. De regreso a Italia continuó los estudios teológicos y perfeccionó sus estudios de medicina. Finalmente su sueño se hizo realidad: con la ayuda del obispo capuchino Mons. Emilio Lonati, prelado de Grajaú, el beato Card. Alfredo Ildefonso Schuster, arzobispo de Milán lo ordenó de sacerdote el 13 de marzo de 1948; al año siguiente partió para Brasil. En Grajaú preparó enseguida un ambulatorio donde comenzó a curar a los enfermos que, numerosos, acudían de todas partes. Poco tiempo después tuvo que trasladarse a Río de Janeiro y prepararse para hacer nuevos exámenes de medicina y convalidar sus títulos de estudios y, además, mejorar sus conocimientos sobre las enfermedades tropicales, que hizo en la universidad católica de Porto Allegre (Estado de Río Grande do Sul). Tres años después regresó a Grajaú y se dedicó con todas sus fuerzas a la construcción del hospital San Francisco de Asís con la colaboración de dos hermanos ingenieros que llegaron de Italia para hacer el proyecto y sostener la gran obra a la que se añadió luego la del pueblecito de San Marino para acoger y curar a los leprosos. Continuó, mientras tanto, cultivando el deseo de hacerse capuchino; entró en el noviciado de Guaramaringa en agosto de 1960 y al año siguiente hizo la profesión religiosa temporal el 16 de agosto de 1961, tomando el nombre de Alberto María (en recuerdo de sus padres), a la que siguió la perpetua el 16 de agosto de 1964. Como capuchino aún continuó durante veinte años más desarrollando su incansable actividad de médico y de sacerdote incluso en los pueblecillos perdidos en la selva. Su intenso compromiso a favor de los enfermos más pobres desgastó lentamente su todavía robusto organismo: el día de Navidad de 1981 sufrió un ictus cerebral que lo dejó parcialmente paralizado y así continuó aún otros veinte años más su inmolación silenciosa, asistido amorosamente por los hermanos hasta la llamada a la casa eterna del Padre. Como de Jesús, podemos también decir del P. Alberto que “pasó entre los hombres haciendo el bien y curándolos de sus enfermedades”, edificando a todos, amando, donándose incansablemente, llevándolos a todos en su corazón compasivo y misericordioso. Fue un hombre de gran fervor, de intensa vida de oración y de comunión con Dios, amigo de los niños, de los pobres, de los que sufren, apóstol y hermano de los indios. Vivirá por siempre en el recuerdo de los que lo conocieron. Estamos seguros que, desde el cielo, cerca de su hermana Juana Beretta Molla, canonizada por Juan Pablo II el 16 de mayo del 2004, continuará intercediendo y protegiendo a todos los pequeños de la tierra. En la extensa región de Grajaú, el eco de la fama del P. Alberto, médico santo, continúa resonando fuertemente, sobrepasando las fronteras del Noreste de Brasil. Muchos lo consideran un santo, fascinados por su testimonio de humildad, sencillez y absoluta entrega. De parte de muchos, que se han beneficiado del trabajo y del recuerdo del P. Alberto, viene la petición del reconocimiento oficial de su santidad.
Tras la respuesta positiva de la Congregación de las Causas de los Santos, el 18 de junio pasado se abrió, en la diócesis de Bérgamo, el Proceso diocesano de Alberto Beretta, Capuchino y médico, hermano de la santa Gianna Beretta Molla, que vivió durante 33 años entre los pobres de Brasil. «El secreto de su prodigiosa capacidad de servir a todos - afirmó mons. Franco Cuter, obispo dè Grajaú, Capuchino - estaba en haber aprendido a amar y servir con el corazón compasivo de Jesucristo hacia toda humana enfermedad. Todas las familias de la ciudad, de un modo o de otro, fueron ayudadas por este hombre de Dios».


   
 
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