CALENDARIO DEL VENERABLE FRAY LEOPOLDO 2009



 




En el año 2009 los franciscanos celebramos el Centenario de nuestros orígenes a ocho siglos de distancia desde que el Seráfico Padre recibió del Papa Inocencio III la “forma vitae” para iniciar el camino de la fraternidad con sus primeros compañeros (1209-2009). Al celebrar este año jubilar, estamos llamados, como Hermanos, a renovar nuestra fidelidad al carisma y a volver a comprender toda la herencia espiritual de nuestro Fundador, dando respuestas concretas y creativas, cada uno en la propia vida cotidiana, a los muchos desafíos de la modernidad con nuevo compromiso, nuevas energías y abiertos a la esperanza cristiana.
Cada miembro de la Familia Franciscana está llamado a recorrer su propio camino de preparación al evento del Centenario, tratando de profundizar la figura de Francisco en sus más profundas intuiciones evangélicas.
Nuestro Calendario del Venerable Fr. Leopoldo de este año ha intentado traer a nuestra memoria el eco de aquellas palabras en la voz de Francisco y de sus primeros compañeros: “… El mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio… y el Señor Papa me lo confirmó” (Test. 14-15).
En el año en el que Fr. Leopoldo ha sido declarado Venerable, hemos querido, con nuestro calendario, no pasar por alto este importantísimo acontecimiento. Con él queremos rendir un merecido homenaje a nuestro Venerable Fr. Leopoldo por haber sabido vivir tan heroicamente aquel proyecto de vida, aquella Regla, pues como dicen muchos testigos que lo conocieron era “la Regla franciscana viva. Si la Regla se perdiera, bastaría con mirar a Fr. Leopoldo para encontrarla”. El P. Benito de Íllora, su confesor, dice que “en una comunidad donde vivieran los santos capuchinos San Félix de Cantalicio, San Serafín de Montegranario, San Crispín de Viterbo, San Francisco de Camporroso, Fr. Leopoldo no desentonaría para nada”. Las virtudes que San Francisco destaca en sus primeros compañeros, brillan hoy con el mismo resplandor en la vida de otro fiel seguidor suyo del siglo XX, nuestro Venerable Leopoldo de Alpandeire. En él brillan las virtudes de Fr. León “ovejuela de Dios”: “Al hermano León -- dice la 1ª Consideración sobre las Llagas --, hombre de gran sencillez y candor, por lo que san Francisco lo amaba mucho y le tenía al tanto de casi todos sus secretos”.
Y resplandecen los dones por los que destacó Fr. Bernardo de Quintaval: “El primogénito de san Francisco, tanto por la primacía del tiempo como por la prerrogativa de la santidad” -- dijo de él san Buenaventura --. Francisco dijo de Fr. Bernardo que “tenía una fe perfecta junto con un gran amor a la pobreza”.
Y ¿quién podrá negar que la vida de Fr. Leopoldo no fue también como la de Fr. Silvestre: “una vida consagrada de continuo a la oración?”, según manifestó el Seráfico Padre.
Deambulando de puerta en puerta, pidiendo por la caridad que es Dios, no podía faltar en Fr. Leopoldo aquella virtud que recoge el elogio que san Francisco hizo de Fr. Ángel: “La cortesía del hermano Ángel, que fue el primer caballero que vino a la Orden y estuvo adornado de toda cortesía y benignidad”. Si algo a Fr. Leopoldo lo sacaban de sus casillas era que lo llamaran santo, salía corriendo como de la cruz el diablo. Sin embargo nadie niega hoy su fama de santidad. Podría decir de él san Francisco aquellas hermosas palabras que un día dijo de Fr. Rufino: “--Yo, hermanos amadísimos, soy el hombre más indigno y más vil que tiene Dios en este mundo. Pero ¿veis a ese hermano Rufino que sale ahora del bosque? Dios me ha revelado que su alma es una de las almas más santas que Dios tiene en este mundo; y yo os aseguro que no dudaría en llamarlo ‘San Rufino’ ya en vida, porque su alma está confirmada en gracia, santificada y canonizada en el cielo por nuestro Señor Jesucristo”.
La lección de Francisco sobre cómo debe ser el verdadero hermano menor, cuando describe al hermano perfecto, habla de “la paciencia del hermano Junípero, que llegó al grado perfecto de paciencia por el perfecto conocimiento de su propia vileza, que tenía siempre ante sus ojos, perfecto en la renuncia de la propia voluntad, y por el supremo deseo de imitar a Cristo en el camino de la cruz”. Fr. Leopoldo fue siempre paciente ante cualquier amarga tribulación. También en esto nos da ejemplo.
Esto y otras muchas cosas, amigos y devotos de Fr. Leopoldo, encontraréis en el calendario del 2009, ya disponible, si queréis adentraros en ese misterio de “sublime humildad” que fue el milagro realizado por la gracia en el interior del santuario de Fr. Leopoldo.




 
     
INOCENCIO III APRUEBA LA REGLA DE SAN FRANCISCO.
Fresco del Giotto. Basílica Superior de S. Francisco. Asís.


   
 
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