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Peregrinación de Religiosas Franciscanas de la TOR de la Federación de Santa Isabel de Hungría.
Las Hermanas “Isabeles” han estado preparando el octavo centenario de su Patrona con numerosas actividades. Tenían el ardiente deseo de conocer mejor la vida y la santidad de Santa Isabel y seguir, como ella, a Cristo, tras las huellas de San Francisco. Entre estas actividades se encuentra la peregrinación a los lugares donde la Santa pasó los cortos años de su vida y donde murió.
El grupo, que nos ha visitado está compuesto por:
12 Hermanas del Convento de “Santa Isabel” de Alba de Tormes, Salamanca
5 Hermanas del Convento de “La Madre de Dios” de Coria, Cáceres
2 Hermanas del Convento de “San Antonio” de Toledo
2 Hermanas del Convento de “La Concepción” de Granada
17 Hermanas Seglares (OFS )
1 Padre Franciscano (OFM), Padre Don Antonio de la Presilla Sastre, Guardián del “Monasterio de San Juan de los Reyes“ de Toledo y Asistente Espiritual de las Religiosas Terciarias Regulares de la Federación “Santa Isabel de Hungría”.
El martes, 17 de Julio, llegaron a Francfort donde los esperaban un amable compatriota y un autobús de la empresa Röhnsegler, que los llevó al centro “Hebronberg” de las Diaconisas. Allí, en una zona verde con montañas y castillos, pasaron la primera noche en las tierras de Santa Isabel de Thuringia.
El miércoles 18, después de celebrar la santa misa fueron a la ciudad de Marburg, donde visitaron primeramente la iglesia de Santa Isabel. Esta iglesia, la primera iglesia gótica edificada en Alemania, fue levantada sobre la tumba de Santa Isabel. Después de la visita al templo, lleno de tesoros artísticos y recuerdos de la Santa, subieron bajo un sol que abrasaba y un bochorno que dificultaba la subida per pedes al Palacio de los Landgrafen, donde se exhibe la Exposición: “Isabel en Marburg – El servicio a los enfermos”. Para algunas religiosas fue la subida al Monte Calvario, pero todas, hasta la “Sor “Rosa de Jena”, lo lograron.
Después de esta visita en Marburg los peregrinos siguieron camino a Fulda, donde los esperaban las Hermanas de San Vicente Paul, que durante el curso cuidan a los numerosos seminaristas, pero ahora, en vacaciones, sólo tienen a los seminaristas extranjeros. El Seminario Diocesano ha sido” el albergue barroco de los peregrinos” durante su estancia en estas tierras del Corazón Verde de Alemania.
El jueves 19, fue un día grande. Los peregrinos fueron a visitar el castillo de Wartburg, donde Santa Isabel pasó la mayor parte de su corta vida. Muchos estaban emocionados al penetrar en las salas que posiblemente había pisado la Santa. En este castillo está instalada la Exposición: “Isabel de Thuringia. Una santa europea”. Gracias a esta exposición y a la “curiosidad” del Profesor Doctor Matthias Werner de la Universidad de Jena, que preparó la exposición, encontraron las religiosas franciscanas de Santa Isabel a “Sor” Rosa. Ella también quería seguir a Santa Isabel y ayudar a sus hermanos y compatriotas a honrarla en sus antiguas tierras. En las salas del Wartburg se pueden contemplar documentos y objetos, que fueron de Santa Isabel, de su familia o de su época. Los peregrinos siguieron muy atentos las explicaciones de la guía, la señora Nana Gabadadz, que compensaba con su entusiasmo, casi italiano, algunos fallos en su castellano. Acabada la visita bajaron a la ciudad de Eisenach, donde caminaron por el llamado “Camino de Isabel”. Primeramente visitaron la segunda parte de la Exposición, que se exhibe en el antiguo convento de los Dominicos -- el primero que fue fundado bajo el patrocinio de Santa Isabel --. En esta parte de la Exposición pudieron admirar objetos que muestran la devoción a la Santa a través de los tiempos. Después de la visita fueron a la Plaza Mayor para visitar la iglesia Georgenkirche, donde se celebró el matrimonio de Isabel y Luis IV. En ella están las lápidas de las tumbas de varios miembros de la dinastía de los Ludovicos, entre ellas la de Luis IV. El Señor permitió, al fin, que las Hermanas de Coria encontrasen a su antigua amiga alemana.
El grupo siguió su paseo hasta llegar a la hora señalada a la parroquia de Santa Isabel donde los esperaban el párroco don Raimundo Beck y una de las Hermanas Franciscanas de Aquisgrán que cuidan del templo y de la obra social de la parroquia. Teníamos que ser muy puntuales pues un grupo de peregrinos de Hungría nos venía pisando los talones y también quería celebrar una misa en honor a la santa húngara de nacimiento. El Padre don Antonio ofició la santa misa en honor a santa Isabel y los peregrinos cantaron, al final, el himno a Santa Isabel.
Al regresar a Fulda los peregrinos visitaron la catedral barroca, tan cercana a su “albergue”. En ella se encuentran los restos mortales del Patrón de Alemania: san Bonifacio y al parecer también los de su sobrina santa Lioba. El barroco alemán es diferente al barroco español y las iglesias son más luminosas y sin tantos “oros”. Nuestros peregrinos rezaron en la cripta y ante la tumba de san Bonifacio, el oficio de Vísperas. Un guardián de la catedral admiró la valentía de la Madre Argeme bajando a la cripta con su muleta y ofreció a la religiosa pasar a la tumba de san Bonifacio para pedirle mejoría para sus dolientes piernas. Esperamos ver pronto a la monjita de Coria bailando una jota.
El viernes 20, el grupo fue a Gotha a ver una exposición sobre santa Isabel en Gotha, tristemente muy “pobre y escasa”, en la capilla del palacio Friedenstein. Después de la visita a la capilla visitaron algunas salas del palacio. En el museo pudieron admirar algunas pinturas del pintor de la Reforma: Lucas Cranach, retablos y arte religioso, el cuadro de la Pareja de Gotha y muchos objetos de porcelana de las fábricas del sur de la Alemania Oriental. Tales maravillas contemplaron que después la cola en la tienda del museo hizo temblar a “Sor” Rosa, pensando que llegarían tarde al encuentro con su Ilustrísima.
Por fin el autobús tomó rumbo a la capital del Estado Federal de Thuringia. Nuestro amable chofer, el señor Walch, estacionó el autobús en la explanada de la catedral. A ella subieron los peregrinos y contemplaron sus dos portales: el de las vírgenes necias y el de las prudentes, con más detalle por lo que nos puede servir de ejemplo y por los problemas del lenguaje políticamente correcto la Iglesia y la Sinagoga. Al final no vimos en la sillería del Coro la otra escena que ofende a los “correctos”: un caballero de punta en lanza que lucha contra un judío, al que se reconoce por su gorro en pico, que cabalga sobre un cerdo. En nuestro siglo XXI no lo haríamos pero hay que ver las cosas en su contexto.
Ya en el interior de la catedral intentamos hacer poco ruido y no molestar. Un amable guarda de la catedral se ofreció espontáneamente a mostrar las reliquias de Isabel y hasta abrió la sacristía para que el grupo pudiera contemplar la vidriera de santa Isabel, que sólo ven los celebrantes, el sacristán y los numerosos monaguillos de la catedral. Llamó mucho la atención la pila bautismal con tapa y sobre un templete. Así todos los familiares y amigos del neófito pueden seguir bien la ceremonia. La catedral encierra muchos tesoros pero no es un museo, por eso también hubo unos instantes para elevar una plegaria de agradecimiento al Señor.
El cielo, cargado de nubarrones que anunciaban tormenta, no impidió que los peregrinos hicieran una corta “marcha” por la hermosa ciudad, admirando sobre todo el Puente de los Comerciantes- Krämerbrücke sobre el río Gera.
Las religiosas habían oído decir que en el convento de las Ursulinas se guardaban reliquias de Santa Isabel y allí nos encaminamos. Este convento se fundó en 1136 y fue el primer convento de religiosas que tuvo Erfurt. Lo habitaban las religiosas de santa María Magdalena. Desde 1667 lo habitan las Ursulinas. Sabemos que Isabel visitó, al menos en dos ocasiones, este convento: La madre superiora, alertada por una hermana portera que parecía una abuelita de los cuentos de los hermanos Grimm, tuvo la amabilidad de enseñar la capilla del convento a los peregrinos. Explicó que Isabel, al no pertenecer ni al pueblo llano ni a la comunidad religiosa, debía seguir la santa misa o las ceremonias detrás de una pequeña ventana enrejada, que aún se conserva. Los peregrinos admiraron las nuevas vidrieras, que recuerdan las obras de Chagall en Zurich y que explicó admirablemente la madre superiora. Era una visita casi entre hermanas pues la fundadora de las Ursulinas: Angela Mericis era también franciscana.
A marchas forzadas volvimos a la explanada de la catedral, donde nos esperaba el señor Walch. Nada más cerrar las puertas del autobús, se abrieron los cielos y empezó un diluvio con rayos y truenos.! Nos faltaba una terciaria……! A las 6 de la tarde nos esperaba el señor Obispo en el centro de cultura religiosa de san Martín. Cuando amainó la tormenta el autobús se acercó al lugar de la cita. Unas religiosas esperaron la llegada de la náufraga que llegó como una sopa pero sana y salva. En el centro llenamos los servicios para no aparecer sofocadas y pegajosas ante el doctor Wanke. Nuestro anfitrión llegó antes de la hora -- la cortesía de los reyes --. Al fin todos estaban sentados alrededor de una gran mesa y escuchaban las palabras del señor Obispo, que derrama sosiego, paz y bondad. Su ilustrísima se interesó por los peregrinos y por su viaje. Como era necesario conocerse, habló de la diócesis, muy antigua, que fue fundada por san Bonifacio; habló de la vida de la iglesia católica alemana bajo la dictadura comunista; habló sobre una necesidad de nueva evangelización, quizás para casi toda la Europa, que en su día fue católica; habló de las posibilidades que tenemos para llegar al corazón de los que nos rodean: el ejemplo del frasco de perfume: …. “hay que quitar el tapón para que todos sientan, huelan ese olor, ese perfume…..” Al final de la entrevista rezamos todos juntos la oración del Padrenuestro y nos impartió su bendición. Después de un intercambio de presentes el señor Obispo abandonó el Centro de san Martín.
El sábado, 21, era el último día en estas tierras. Los peregrinos fueron a visitar uno de los enclaves católicos de Thuringia: el Eichsfeld. La Reforma triunfó en estas tierras y el señor feudal pidió ayuda a los Jesuitas para que volvieran a sembrar la doctrina de la Iglesia Católica en ellas. Los siglos han pasado y la región permanece en el seno de la iglesia católica. Una cosa interesante de esta región: en la Navidad hay exposiciones de nacimientos en muchas iglesias o asociaciones religiosas y el Domingo de Ramos se celebran las procesiones de Semana Santa como en España, pero sin nazarenos. El paso del Cristo Yacente va acompañado por los Caballeros del Santo Sepulcro.
Nuestros peregrinos querían visitar un santuario, edificado en el siglo XIV. La iglesia es tan pequeña que más bien parece una cripta. Este lugar es un centro de peregrinación desde hace muchos siglos. En ella se venera un Cristo Rey del siglo XI. Se sabe que en la Edad Media gentes del Norte, de la Hansa: de Lübeck, de Hamburgo y de Bremen peregrinaban a este lugar para implorar la protección del santo Cristo. La tradición cuenta que el Cristo fue un regalo de un caballero cruzado, Henning von Bartloff que regresaba a su tierra. El santuario dependía en el siglo XIV de la iglesia de San Martín de Heiligenstadt y luego pasó a depender de las monjas del Cister de Anrode, que vivían de las limosnas de los peregrinos.
Una llamada de auxilio al convento y el amable y pacífico Padre Jordan, un hombre típico de la Westfalia que lo vio nacer, bajó con su pequeño autobús a buscar a las personas con problemas o cansancio. Por fin, estábamos en la cumbre. Ya en la iglesia se celebró la santa misa en honor a Nuestra Señora de los Ángeles. Después de la misa se cantó al “Caudillo enamorado, el himno a Francisco de Asís. Al salir de la iglesia apareció el Padre Jordán y relató la historia del Hülfensberg. Según la leyenda, los discípulos de san Bonifacio talaron una encina o un roble, que los habitantes del lugar tenían como lugar de culto al dios Donnar de los germanos. Estas gentes estaban ya cristianizadas pero “ponían una vela a Dios y otra al Diablo….” El Franciscano habló de la historia del santuario, sobre todo durante los años de la dictadura comunista. “El santuario, que está situado en la frontera entre las dos Alemanias, era el santuario mejor guardado y observado de todo el territorio de la República Democrática. La situación era casi insostenible para los franciscanos. Los comunistas hacían todo lo que podían para impedir las peregrinaciones. Los peregrinos debían pedir permiso e inscribirse en listas que eran controladas por la policía popular. Cada vez subían menos peregrinos al Hülfensberg, pues temían represalias. Todos los Franciscanos, menos uno, abandonaron el Hülfensberg. En 1989 se consiguió hacer caer el Muro de la Vergüenza. Nuestras oraciones habían sido escuchadas. La paz regresó al Corazón Verde de Alemania.
Al bajar del santuario fueron a visitar el castillo de Creuzburg, donde Isabel pasó también largas temporadas, donde nació y murió su hijo Hermann. La alegría que causó el nacimiento del primogénito, hizo que Luis IV mandase edificar un puente de piedra sobre el río Werra, que aún perdura y está en buen estado. La visita al castillo no mereció la pena pero al salir de la antigua ciudadela, ya en camino de regreso hacia Fulda, pasamos por el hermoso Puente y comimos ricos productos de nuestra querida España que fueron saboreados, sobre todo, por el amable senor Walch y por “Sor” Rosa. Desde el puente contemplamos a varias grupos de jóvenes que bogaban en almadías, embarcaciones construidas con troncos de árboles.
Después de comer visitamos una capilla del XV con pinturas murales, tristemente en muy mal estado, que narran episodios de la vida de Isabel y episodios de la Pasión del Señor.
Llegó la hora de la despedida. La lluvia amenazaba y las hermanas de la Caridad esperaban en Fulda . “ Adiós con el corazón….” cantaban las voces que otros días entonaban corales. Y nos queda el recuerdo feliz de cinco días tras las huellas de Isabel y de Francisco.
PAZ Y BIEN les desea “Sor” Rosa desde Jena.
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