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Saludo del Presidente de la Asociación a los Capitulares.
Ante todo, quisiera pedir disculpas por mi atrevimiento al dirigirme a ustedes, expertos oradores, y en especial, interrumpiendo vuestro 37 Capítulo Provincial. Quiero deciros, que por una parte me siento como un intruso y por otra como un privilegiado. ¿Quién me iba a decir a mí que dirigiría la palabra a una asamblea tan piadosa, como a la que hoy, tengo el honor de dirigirme? Se que no soy digno de estar hoy aquí entre vosotros, santos varones, intentando captar un poco de vuestra atención, no para mi, sino para el colectivo que creo que hoy puedo representar, la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Seráfico de los Hermanos Menores Capuchinos de Andalucía.
Quisiera agradecerles a todos y en especial al Padre Mariano, la oportunidad que me da de poder dirigirme a todos ustedes, en un momento tan especial para vuestra comunidad, por lo que intentaré ser breve.
Hace tan solo unos meses, un grupo de diez o doce antiguos alumnos del Colegio Seráfico de los Hermanos Menores Capuchinos de Antequera, decidieron intentar buscar a otros compañeros, con la única intención de saber de ellos y algún día podernos encontrar, saludar y recordar tiempos pasados. Pero esa búsqueda ilusionada, se nos desbordó y donde éramos diez o doce en enero de 2007, en el mes de octubre teníamos ya localizados a unos ciento treinta compañeros.
Al conocer el Padre Antonio Lafuente y el Padre Luis Viñolo, a quienes comentamos que se nos estaba pasando por la imaginación crear una Asociación de Antiguos alumnos, siempre al amparo de la Orden y con la debida autorización, nos indicaron que habláramos en primer lugar con el Padre Mariano, Ministro Provincial, quien nos atendió enseguida y aceptó la idea de buen grado. Tuvimos tan buena acogida y tanto ánimo, por parte de la Orden, que inmediatamente nos pusimos en marcha para crear unos básicos estatutos independientes, pero a la vez acordes y siempre de la mano de los Hermanos Capuchinos.
El pasado mes de octubre, concretamente el día 12, día de Nuestra Señora del Pilar, bajo el lema Recordar es Volver a Vivir, nos reunimos, en nuestro querido colegio de Antequera, un grupo de antiguos alumnos, alrededor de noventa, a los que se sumaron muchas esposas e hijos, además de una nutrida representación de los Padres Capuchinos, encabezada por el Padre Mariano, quien nos apoyó en todo momento. En total, contábamos con más de ciento ochenta personas asistentes a los actos programados.
Como podéis imaginar, el encuentro estuvo lleno de emoción, saludos, abrazos y sobretodo, recuerdos, vivencias y añoranzas de aquel espacio, que tantos amigos nos proporcionó y tanto bien nos ha hecho a lo largo de nuestras vidas.
Muchas veces recuerdo unas palabras de nuestro querido Fray Faustino Blanco de Sanlúcar en la Capilla del Colegio que nos decía:
Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Algún día, cuando seáis mayores, hagáis vuestras vidas, os acordaréis del Colegio, os acordaréis de vuestras vivencias y amistades, lo vais a echar de menos, más de lo que creéis, y volveréis aquí, al Colegio y lo añorareis.
Parecía... una profecía. Recuerdo que aquellas palabras sonaban muy fuerte en mí, tanto que hoy todavía las recuerdo e incluso me siento aludido. A veces pienso que detrás de todo esto está él o el Santo Fray Casimiro o algunos de los santos profesores que hemos tenido, quién quiere reunirnos de nuevo para hacer algo que beneficie a alguien, no importa a quién. Si importa que aquellos esfuerzos y sacrificios que hicieron nuestros profesores por nosotros, no caigan en saco roto, y aunque tarde, tengamos la oportunidad de devolver parte de aquellas enseñanzas.
En aquel primer encuentro de Antequera, se llevó la propuesta de los Estatutos de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Seráfico de los Hermanos Menores Capuchinos de Andalucía, para que todos lo conociesen de primera mano y se pronunciasen por si había que introducir o modificar alguna cuestión.
Dichos estatutos también fueron enviados a los compañeros, que por cualquier circunstancia, no pudieron asistir a dicho encuentro.
Por aquel entonces, como he indicado anteriormente, éramos unos ciento treinta compañeros. Hoy rondamos los ciento noventa.., y seguiremos buscando.
El funcionamiento de esta Asociación es similar a la de cualquier otra de antiguos alumnos, con algunos matices concretos, propios y característicos de la filosofía de nuestra Asociación. Pero lo fundamental, en cualquier asociación, a mi entender, es el contenido de sus fines, que es en definitiva lo que puede hacerla diferente a las demás. Independientemente de la convivencia, la comunicación y el encuentro con los compañeros, así como el intercambio cultural, la Asociación debería ir encaminada a la ayuda, en la medida de lo posible, a los Hermanos Menores Capuchinos y a sus fines. Creo que a través de este colectivo, podríamos aportar nuestro granito de arena, ayudando y colaborando en algunas necesidades de algunos de esos rincones lejanos o no tan lejanos, Guatemala, Haití, Andalucía o cualquier otro rincón donde hay necesidades y estáis presentes, llevando siempre la Paz y el Bien.
A nuestros profesores, quisiéramos decirles que no se nos olvida todo lo que nos disteis, todo lo mejor de vosotros, sus conocimientos y sus afectos. Nos inculcasteis el sentimiento de amistad y hermandad, tanto entre los compañeros como hacia los profesores, tan arraigados en nuestro interior, que hoy, muchos años después, seguimos reconociendo vuestra labor y esos sentimientos aún siguen latiendo, quizás por la madurez, con más fuerza que antes.
Este es el tema que me ha traído hoy hasta aquí, a interrumpir con humildad vuestro retiro.
Busco ayuda.
Y seguro que ayuda, encontraré en mis compañeros, pero hoy busco otro tipo de ayuda que sólo vosotros me podéis facilitar. Busco ayuda para localizar a más compañeros, que sin duda, si supieran que los estamos buscando, saltarían de gozo y saldrían a nuestro encuentro, como aquel hijo pródigo de la parábola del Señor, porque aquella convivencia, nos dejó marcados profundamente en nuestro interior.
Vosotros tenéis nombres, apellidos y direcciones que nosotros no tenemos y que nos pueden ayudar a localizar a más antiguos alumnos. Nos es muy difícil buscar a compañeros sólo por el nombre y su lugar de origen, como se les conocían entonces. AYUDENNOS a localizarlos.
Pero especialmente, hoy he venido aquí para deciros que queremos vuestro apoyo moral y espiritual para seguir adelante con esta Asociación.
Decía anteriormente, que muchos son los llamados y pocos los elegidos. Dichosos vosotros que sois los elegidos. Nosotros, los antiguos alumnos que no hemos podido llegar a la meta, nos tenemos que conformar con las migajas que caen de la mesa de Nuestro Señor y seguir, en la medida que podemos, las enseñanzas de nuestro Patrón, San Francisco de Asís, bajo la mirada de nuestra Madre, la Divina Pastora, deseando que nuestro Señor nos utilice también a nosotros, como un instrumento de su Paz, que no busquemos tanto ser comprendido como comprender, porque sabemos que es perdonando como se es perdonado y muriendo como se resucita a la vida eterna. Esta humilde Asociación os pide en el día de hoy, que nos aceptéis como lo que somos y de lo que estamos muy orgullosos de ser, antiguos alumnos del Colegio Seráfico de los Hermanos Menores Capuchinos de Antequera y que nuestra intención e interés es, sin duda alguna, ayudar a la orden en la medida que nos sea posible.
Este año, nuestro segundo encuentro, será, si Dios quiere, los días 27 y 28 de septiembre en Granada, al amparo de nuestro querido Fray Leopoldo de Alpandeire. Estamos convencidos de que él nos facilitará el camino para conseguir nuevas metas.
Ruego, sepan disculparme, si en algún momento, alguien se ha sentido ofendido o simplemente molestado con esta pequeña intromisión. Todo lo que les he dicho ha sido de buena fe, porque además, no puede ser de otra forma.
Estamos a vuestra disposición para colaborar y estrechar lazos de amistad y hermandad como vosotros nos habéis enseñado.
Os agradezco el que me hayáis recibido excepcionalmente en el transcurso de vuestro Capítulo Provincial, gesto que valoro, y por ello, entiendo que la Orden tiene una predisposición positiva hacia nosotros. Pero nos hacía falta el Placet, el visto bueno, de todos y cada uno de ustedes. Para nosotros es muy importante sentirnos respaldados y saber que estáis ahí, como siempre, orientándonos y apoyándonos.
Muchas gracias por atenderme. Os deseo que tengáis una feliz estancia en Chipiona y un feliz regreso a vuestros puntos de origen.
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