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Las campanas de los cielos
cantan con lenguas celestes:
que se acerca a los altares
Fray Leopoldo de Alpandeire.
Su espíritu —fiel voluntad—
sobre la gloria aparece.
La pureza de su vida
está convertida en fuente
y, en la alegría de su agua,
todos los ángeles beben.
Las llagas de San Francisco
sus finas rosas le vierten.
En la Corte Celestial
salen los santos a verle.
La Iglesia triunfante pone
ramos de luz en sus sienes;
las alas de los arcángeles
la contemplación le ofrecen;
voces seráficas llegan
a su lado a sorprenderle:
que se disponga y despierte,
porque el Espíritu Santo
está volando en su frente.
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Las campanas de los cielos
cantan con lenguas celestes:
que se acerca a los altares
Fray Leopoldo de Alpandeire. |
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Sobre la tierra aguarda
la expectación de las gentes;
las clausuras capuchinas
panales son de sus mieles.
De Montejaque a Jimena
las brisas su luz le vierten.
La blancura de su pueblo
le va besando en las mieses.
Los cordones franciscanos
le dan su albricia de nieve.
Por Granada los jardines,
nombrándole, se estremecen,
y todo el aire se llena
de aromas santos y leves.
Por donde sus pies pasaron
pétalos de sol florecen.
Los silencios de su Cripta
para cantarlos se yerguen.
Dios y la Iglesia en su nombre
gozosamente convergen;
y por el aire de Roma
ya corre un ruido impaciente
de «Bendito sea Dios»
y «avemarías» de claveles.
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Las campanas de los cielos
cantan con lenguas celestes;
que se acerca a los altares
Fray Leopoldo de Alpandeire.
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