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Transfiguración. Rafael Sanzio, h. 1509. Pinacoteca Vaticana. |
“Éste es mi hijo, el amado, mi predilecto, escuchadlo” |
“El Señor puso de manifiesto su gloria ante los testigos que había elegido, e hizo resplandecer de tal manera aquel cuerpo suyo, semejante al de todos los hombres, que su rostro se volvió semejante a la claridad del sol y sus vestiduras aparecieron blancas como la nieve.
En aquella transfiguración se trataba, sobre todo, de alejar de los corazones de los discípulos el escándao de la cruz, y evitar así que la humillacién de la pasión voluntaria conturbara la fe de aquellos a quienes se habia revelado la excelencia de la dignidad escondida.
Pero con no menor providencia se estaba fundamentando la esperanza de la Iglesia santa, ya que el cuerpo de Cristo, en su totalidad, podría comprender cuál habría de ser su transformación, y sus miembros podrían contar con la promesa de su participación en aquel honor que brillaba de antemano en la cabeza” (Sermones, San León Magno, Sermón 51) .
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