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Cristo Pantocrator. Mosaico. Santa Sofía. Estambul.
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“Nada hay absoluto de tejas para abajo. Fanatismo e intolerancia distan años luz del evangelio, exigente al máximo, pero no intransigente; que invita, pero no impone; que ofrece, pero no fuerza; que anima, pero no violenta. Jesús de Nazaret corta por lo sano los brotes de fanatismo de sus discípulos, como refiere el evangelista Lucas: «Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran, Jesús decidió irrevocablemente ir a Jerusalén. Envió mensajeros por delante; yendo de camino entraron en una aldea de Samaría para preparar alojamiento, pero se negaron a recibirlo porque se dirigía a a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le propusieron: —Señor, si quieres, decimos que caiga un rayo y acabe con ellos. El se voivió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea» (Lc 9,51-53). Para Jesús, quedaban atrás los tiempos de Elías, profeta que fulminaba con fuego del cielo y rayos a los enviados rey (2 Re 1,10-12)” (Jesús Peláez).
Óleo sobre tabla del ya próximo Beato Leopoldo de Alpandeire.
De Luis Ruíz Rodríguez. Granada, 2010.
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