| |
|
La dama Jacoba de Settesoli.
“Jacoba es una espléndida figura de dama medieval, todavía hoy actual, que consigue conjugar las instancias de una genuina fe personal con la administración del poder; el sueño de una Iglesia Renovada con la realidad de la Iglesia temporal; los deberes familiares de esposa y de madre con los feudales de administradora de tierras y de castillos, el comportamiento aristocrático con la humilde actividad de iniciadora de la Tercera Orden franciscana” (Dr. Hugo Honorato).
El pasado 28-29 de septiembre tuvo lugar en las ciudades de Marino y Asís un encuentro sobre la figura de Jacoba de Settesoli. El encuentro se celebró el primer día en la sala del Museo Cívico “U. Mastroiani” con el saludo inicial de los alcaldes Adriano Palozzi, de Marino y de Claudio Ricci, de Asís, a los que siguió el mensaje del P. Alfredo Bucaioni, Custodio del Convento de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula y las relaciones del profesor Giovanni Zavarella, historiador, que habló de “Francisco y las mujeres” y la relación del, también historiador, Hugo Onorati, que disertó sobre: “Fray Jacoba: Dama de espiritualidad, dama de gobierno”. Los actos del día 29 tuvieron lugar en la Sala “Ex refecttorietto” de la Basílica Papal de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula, donde tras el saludo de los mencionados alcaldes y el mensaje del P. Másimo Reschiglian, Ministro provincial de los Menores de la Umbría, siguieron las relaciones del historiador Hugo Onorati sobre: “Fray Jacoba, Señora del castillo de Marino: Dama de espiritualidad, dama de gobierno” y la del profesor Giovanni Zavarella, historiador, sobre: “Francisco y las mujeres”.
Las Fuentes Franciscanas nos explican la relación de Francisco con “Fray Jacoba”, como él la llamaba:
Dos años después de que Inocencio III confirmara de viva voz la Regla de la Orden de Francisco, lo encontramos de nuevo en Roma, adonde fue a recabar del Papa el cumplimiento de la promesa que éste le hiciera en 1210, porque ya estaba en condición de poder afirmar a Inocencio que «Dios había multiplicado el número de sus hermanos» y, en consecuencia, de pedir que se le confiase «una misión de mayor empeño».
Por desgracia, son pocas las noticias que tenemos de este tercer viaje de Francisco a Roma...
En Roma continuó su costumbre de predicar en las calles y encrucijadas, y dicen que en una de estas predicaciones conquistó dos nuevos discípulos: Zacarías, futuro misionero en España, y Guillermo, que fue el primer inglés que abrazó la Orden.
Mucho más importante para el destino futuro de la Orden fue la amistad que entonces trabó con una señora a la que luego llamó, por cortesía y por su carácter varonil, «Fray Jacoba»: era la dama Jacoba de Settesoli, esposa del noble romano Graciano de Frangipani, la cual tendría entonces unos veinticinco años de edad.
La familia de los Frangipani es una de las más antiguas de Roma, como que se la hace descender de aquella Gens Anitia, que en el curso de los siglos ha contado entre sus vástagos a un Benito de Nursia, a un Paulino de Nola, y a un Gregorio Magno. El año 717 fue cuando el jefe de esta familia, que entonces lo era Flavio Anicio, se granjeó el honroso sobrenombre de Frangipani, «partidor del pan», por una copiosa distribución de panes que hizo en una hambre que afligió a la Ciudad Eterna en dicho año. A principios del siglo XIII los Frangipani poseían en Roma extensas propiedades en el barrio del Transtévere y sobre el monte Esquilino, donde, entre otras cosas, les pertenecían los restos imponentes del famoso Septizonium de Septimio Severo, nombre que aún subsiste en Roma, aunque un poco alterado, en la Via delle Sette Sale, que es de donde le venía a la esposa de Graciano Frangipani el apellido de Settesoli.
Por lo que respecta a Jacoba, afirman que descendía de una familia normanda de Sicilia. Su nacimiento puede colocarse por los años de 1190. Uno de los miembros de la familia Frangipani, Graciano Frangipani de Settesoli, se casó con una noble dama romana llamada Jacoba de Normanni, descendiente de una familia de normandos. En el año 1217 murió Graciano, dejando dos hijos, quienes quedaron bajo la tutela de la joven viuda Jacoba.
Jacoba de Settesoli fue una amiga íntima de san Francisco, a quien hospedó varias veces en su casa. Este amor es evidente sobre todo en el momento de la muerte del santo, el cual "mientras estaba enfermo… pocos días antes de morir, envió a Roma a informar a Jacoba, para que si quería ver, mientras volvía a su Patria, a aquél a quien ardientemente había amado en este destierro, se diera prisa en venir".
Le escribió una carta: "A Jacoba, señora, sierva del Altísimo, el hermano Francisco, pobrecito de Jesucristo, desea salud en el Señor y unión con el Espíritu Santo. Has de saber, carísima, que Cristo bendito me ha revelado por su gracia que llegará muy pronto el término de mi vida. Por eso, si quieres verme vivo, apenas leas esta carta, apresúrate a venir a Santa María de los Ángeles. Pues si llegas después del sábado. ya no me verás vivo; y trae contigo un paño o cilicio para envolver mi cuerpo y la cera para la sepultura. Te ruego que me traigas también alimentos como los que solías darme cuando estaba enfermo en Roma".
"Se busca un mensajero veloz, y, hallado, se dispone a partir. De pronto, haya la puerta traqueteo de caballos, estrépito de soldados, rumor de escolta notable. Un compañero del santo, él precisamente daba las últimas instrucciones al mensajero, va a abrir la puerta, y se encuentra cara a cara con la que se buscaba en lugares remotos. Vivamente sorprendido, corre en seguida hacia el santo y, sin poder contener la alegría. le dice: 'Padre, una buena noticia'. Y el santo, cortándole la palabra al instante, exclama por toda respuesta: '¡Bendito sea Dios, que a nuestra hermana señora Jacoba le ha encaminado hacia nosotros! Abrid las puertas y haced pasar a la que está ya entrando, porque la disposición que prohíbe la entrada a las mujeres no reza con la hermana Jacoba!' Todo el noble cortejo se sintió muy dichoso y conmovido; gozo y consolación espiritual que se desataron luego en lágrimas. Y. para que no faltara nada al milagro, la santa mujer había traído todo cuanto se le avisaba en la carta que trajera para las exequias del padre"."Y después de comer y sentirse confortada, esta señora Jacoba se arrodilla a los pies de San Francisco y toma aquellos pies santísimos señalados y adornados con las llagas de Cristo, y con tanta devoción los besaba y bañaba en lágrimas, que a los hermanos que estaban en tomo les parecía ver realmente a la Magdalena a los pies de Jesucristo, y en modo alguno sabían explicárselo".
Después de la muerte de éste, «Fray Jacoba», como la llamaba el Santo, se trasladó a Asís en donde murió nonagenaria. Fue enterrada en la basílica de San Francisco, en Asís.
|
|
 |
|
|