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Bérgamo, un año para redescubrir a Juan XXIII.
«Yo hago la figura del optimista impenitente. No se hacerlo de otra manera. Jamás he conocido a un pesimista que haya terminado bien alguna cosa». Citando un pasaje de su Diario, el obispo de Bérgamo, Roberto Amadei, subraya un rasgo esencial de la figura del beato Juan XXIII, un hombre que creía en la capacidad de poder rescatar a todas las personas, incluso al peor de los hombres, y que supo hacer de una inquebrantable esperanza su propia insignia. Nos encontramos en la tarde de los jueves, dentro de la abarrotadísima parroquia dedicada al Bautista. Roberto Amadei habla con tono afable en la homilía de la concelebración eucarística que preside. En el día de la memoria litúrgica del Beato, el obispo de Bérgamo inicia así el Año dedicado al Papa Juan. El año próximo se cumplen 50 años de la elección al pontificado (28 de octubre de 1958) de Juan XXIII y se quiere aprovechar la oportunidad de esta celebración para llevar a cabo una buena, bien organizada y actualizada reflexión sobre el Pontífice a través de congresos, encuentros, debates y nuevas publicaciones. Amadei alude brevemente al programa del año que viene y a las distintas instituciones comprometidas en la iniciativa, y enseguida retoma la línea del optimismo y de la esperanza, manifestando la necesidad de compartir con el Papa Roncalli la visión positiva de la historia humana. Pero no existe sólo la esperanza, en la revocación del beato, existe también la imitación programática de Cristo como buen Pastor: era el mismo Roncalli el que se presentaba no como un diplomático, no como organizador de la vida social, sino como “el buen pastor que Jesús ha enviado”. Pero el compromiso del Papa Juan no se agotaba ciertamente en este ámbito, ya de por sí vivido de modo excepcional; pensaba en proyectos ambiciosos y de alcance mundial. Amadei invita por ejemplo a detenerse en “el don precioso que él ofreció a la Iglesia y a la humanidad: la convocatoria y el comienzo del Concilio vaticano II. Hay que volver al Concilio para comprenderlo mejor y verificar cómo este don ha incidido en nuestra vida personal y en la actividad de las parroquias”. En esta últimas, observa el obispo de Bérgamo, “se respira la confianza y la esperanza del que sabe que Dios nos habla incluso a través de las vicisitudes históricas, pidiéndonos buscar caminos nuevos para dar testimonio de Cristo que abre las esperanzas humanas más allá de nuestros pequeños horizontes”. En las parroquias, insiste Amadei, se colabora y se dialoga en servicio de todos. La parroquia “siembra inquietud en el difuso consumismo para abrirse a formas de solidaridad, y ayuda a comprender cómo existe algo mucho más decisivo que las necesidades materiales, la necesidad de Dios amor gratuito. Esta cara de la comunidad depende de cada uno de nosotros”. Siguieron, al final de la misa, algunas informaciones sobre el Año dedicado al Papa Juan, que, según mons. Angelo Carzaniga, párroco de San Alejandro in Colonna y director de la Fundación Juan XXIII (presidida por Amadei), “permitirá acercar la gran figura del papa Roncalli con cierta distensión y profundidad”. Además de los congresos, de las publicaciones, de los encuentros con distintas personalidades (se barajan entre otros los nombres del cardenal Carlos María Martín y del historiador Andrea Riccardi), se están ya organizando actividades artísticas y peregrinaciones a los lugares del “Papa Juan” como Venecia. En algunas de las actividades participará el secretario del papa, el arzobispo Loris Capotilla, que ha cumplido estos días 92 años. Al final se sale ya de noche en un clima de fiesta popular. El olor de las castañas asadas llega hasta la puerta de la iglesia, más abajo hay tenderetes y música, sonido de campanas, distribución de estampas y venta de objetos recuerdo de una gran ingenuidad, fuegos artificiales sobre la colina. Faltan los niños porque es un poco tarde y están durmiendo. Pero no falta, en la memoria de nadie, la voz del Papa que manda una caricia para los más pequeños.
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