TICO MEDINA RECIBE LA MEDALLA DE ORO DE ANDALUCÍA




El Consejo de Gobierno de la Junta acordó este martes, 19 de febrero, distinguir este año con la medalla de Andalucía al periodista granadino Tico Medina.
El acto oficial de concesión de las Medallas de Andalucía se celebrará el próximo 28-F en el Teatro de la Maestranza, presidido por el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, pero esta vez no estará precedido del tradicional pleno extraordinario en el Parlamento andaluz, que está disuelto desde mediados de enero por la convocatoria de las elecciones autonómicas del 9 de marzo, por lo que el acto institucional se limitará en esta ocasión a la izada de la bandera y la interpretación del himno de Andalucía, informaron fuentes parlamentarias.
Tico Medina ha asegurado que ha sido un andaluz 'que ejerce, allá por donde he ido. El periodista granadino manifestó a Efe que esta distinción supone 'todo' para él, puesto que siempre ha 'ejercido como andaluz'.
Tico Medina, que se ha mostrado 'realmente orgulloso y muy emocionado' con esta distinción, ha destacado que nunca ha dejado realmente de ser andaluz desde el día en que vino al mundo, haciendo además prueba de ello 'en todos los sentidos y en todos los medios'. 'He sido un andaluz que ejerce, lo he hecho en la radio, en la prensa, en la televisión, he ido por todos los pueblos buscando historias, las he contando y ha tratado a mi tierra con muchísimo respeto, admiración y cariño', ha dicho el periodista. El cronista de Granada, que ha confesado que deseaba esa distinción máxima, ha expresado que sigue sintiendo cada día más 'el tirón hacia el Sur, en todos los aspectos'.
Con más de 50 años de experiencia y 50.000 entrevistas, Escolástico Medina García --Tico Medina --, granadino de Píñar, mantiene una estrecha relación con Granada, donde trabajó en Radio Granada y diario Ideal, además de haber sido jefe de reporteros de ABC, pionero en TVE y primer corresponsal de la Corona en América.
Tico Medina recibía también la tarde del 8 de febrero de 2006, en el Aula Magna de la Facultad de Medicina, ante la presencia del Cardenal Saraiva, del Alcalde José Torres Hurtado y de numerosos granadinos, el título de la “afiliación espiritual a la Orden Capuchina”, porque ese día, al inaugurarse los actos del 50º Aniversario de la muerte de Fr. Leopoldo, cantaba así:

“Esta tarde, tan cerca de donde en su día habitó con humildad, generosidad y eficacia este arcángel solidario que fue Fray Leopoldo de Alpandeire, se consigue y se consuma el milagro de que el Cronista Oficial de la Ciudad de Granada se convierta en el Cronista espiritual, sentimental, tradicional incluso, de lo que podemos llamar la lealtad de Granada. Señor Cardenal, estamos recordando a un hombre divino, a un obrero de Dios, a un campesino de la solidaridad, como fue nuestro Fraile al que en hoy en parte -- y sólo en parte -- quiero y vengo a agradecerle los servicios prestados a toda una vida, como la mía, de contador de historias en la que la suya siempre fue para mí la más hermosa, la más sencilla, la más verdadera de cuantas conté y canté hasta el día de la fecha… Fray Leopoldo fue el Amor, el desprendimiento, la más hermosa sonrisa que yo he visto en mi vida, yo que soy un detector y un narrador de las sonrisas más fascinantes del planeta. Porque yo, de niño -- y toda Granada lo sabe desde hace muchos años -- yo he visto en persona, en carne y hueso, con estos ojos que se ha de comer la tierra, la sonrisa y el destello, la luminosidad, no de este mundo, de aquel Fraile, pobre, con lo puesto, que caminaba a saltos como los olímpicos de la vieja Iglesia eritrea, aquel huertano del hábito marrón, aquel profesor analfabeto; y aquel niño, Escolástico, que se asomaba, a ver si lo veía, camino de su oficio de artista y artesano, a pedir sin pedir, sobre sus duros pies desnudos, los sabañones de Dios, como aquellos otros pies, terribles, de tierra y barro, de la Madre Teresa de Calcuta, que se le parece tanto en tantas cosas a nuestro Fraile, y a la que yo subí a ver un día a aquel galpón de la muerte de Calcuta, donde, bajo una corona de buitres, Madre Teresa repartía la única medicina de la cual podía disponer: una caricia sobre la piel de los pobres moribundos, una brizna de amor sobre las heridas de los que nunca nada recibieron de nadie.
Como Fray Leopoldo. Al que llevo siempre conmigo, y yo soy un detector de metales preciosos, soy un buscador de oro en la basura de la vida. Y lo llevo siempre conmigo, como quien lleva de verdad en el tiempo de la mentira, como quien lleva todo lo que tiene, al hombre que lo daba todo aunque nada tuviera. Y lo llevo en mi medalla al cuello. Cada día. Junto a mi Cristo de los Balleneros, o quizá, probablemente, junto a mi Cruz de Belén, junto a mi Virgen de Guadalupe, y junto a mi grupo de sangre, con mi nombre, por si algún día encuentran mi cuerpo sin cabeza en una cuneta. Y lo tengo en mi casa, y en mi vida, y en la vida de mis hijos, de mi mujer y de mis nietos. Y lo tengo en bronce, como el pie de una lámpara a cuyo pie escribo. Y lo tengo en sepia, como estampa. Y lo tengo en barro, entre mis trofeos de cazador, a veces de pieza. Y lo tengo en plata, en mi llavero, en el llavero por ejemplo de mi casa. Y lo tengo también en el de mi coche. Y sobre todo lo llevo aquí, aquí dentro, como un ascua, vivo, cada día más vivo, en el forro de mi alma”.
Vayan desde aquí, desde esta pequeña ventana por la que Fr. Leopoldo se asoma al mundo de sus devotos y visitadores, nuestra más sincera enhorabuena al que es por antonomasia y con su testimonio, el “evangelizador” de Fr. Leopoldo.


   
 
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