Rostro del Crucificado. Duccio de Buoninsegna. Siena, Colección Salini.

 
“¡Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo!”

Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará”.


 
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Entrada de Jesús en Jerusalen. Giotto, Capilla de los Scrovegni. Padua.



 
5 de abril 2009:
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR:
¡BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR!



“En la procesión del domingo de Ramos nos unimos a la multitud de los discípulos que, con gran alegría, acompañan al Señor en su entrada en Jerusalén. Como ellos, alabamos al Señor aclamándolo por todos los prodigios que hemos visto. Sí, también nosotros hemos visto y vemos todavía ahora los prodigios de Cristo: cómo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de su vida y a ponerse totalmente al servicio de los que sufren; cómo da a hombres y mujeres la valentía para oponerse a la violencia y a la mentira, para difundir en el mundo la verdad; cómo, en secreto, induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los demás, a suscitar la reconciliación donde había odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad.
La procesión es, ante todo, un testimonio gozoso que damos de Jesucristo, en el que se nos ha hecho visible el rostro de Dios y gracias al cual el corazón de Dios se nos ha abierto a todos” (Homilía, Benedicto XVI, Domingo de Ramos del 2007).



 
 
Jesus atado a la columna. Pedro Roldán. Utrera.

 
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6 de abril de 2009: Lunes Santo

“MIRAD A MI SIERVO…”



“Mirad a mi siervo, quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho,
no vacilará ni se quebrará,
hasta implantar el derecho en la tierra,
y sus leyes que esperan las islas” (Isaías, 42, 1-4).



 
 
Santo Cristo de la Caridad (arrodillado). Pedro Roldán.

 
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7 de abril de 2009: Martes Santo

“CRISTO SE SOMETIÓ INCLUSO A LA MUERTE”


“El, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre», de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble --en el cielo, en la tierra, en el abismo— y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor! », para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2, 6-11).


 
 
Jesús coronado de espinas. Pedro Roldán. Constantina (Sevilla).

 
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8 de abril de 2009: Miércoles Santo

JESÚS CORONADO DE ESPINAS Y BURLADO


“Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran.
Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.
Pilato les contestó: --¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
—¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
Ellos gritaron de nuevo:
--Crucifícalo.
Pilato les dijo:
--Pues ¿qué mal ha hecho?
Ellos gritaron más fuerte:
--Crucifícalo.
Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -- al pretorio— y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
¡Salve, rey de los judíos!
Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo” (Mc 15, 6-20).


 
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Ultima Cena. Rubens. Milán, Pinacoteca Brera.


 
9 de abril de 2009: Jueves Santo

JUEVES SANTO EN LA CENA DEL SEÑOR


“Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo:
—He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios. Y tomando una copa, dio gracias y dijo:
—Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.
Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:
—Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía- Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo:
—Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros- Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va según lo establecido; pero ¡ay de ese que lo entrega!
Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.
Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:
—Los reyes de los gentiles los dominan y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores- Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve” (Lc 22, 14-26).

 
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Crucificado. Juan de Mesa. Colegiata de Osuna (Sevilla).



 
10 de abril de 2009:

VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR



“Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano; así asombrará a muchos pueblos: ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como un brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. El soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron. ¿Quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malhechores; porque murió con los malvados, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento... Mi Siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos” (Isaías 52,13-53, 1-11).


 
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Piedad conocida como "de Bernini". Iglesia de San Marcelo al Corso. Roma.



 
11 de abril de 2009:

Sábado Santo en la Sepultura del Señor



“Stabat Mater Dolorosa”

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz, y lloraba
mientras el Hijo pendía:
cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y afligida
se vio la Madre escogida,
de tantos tormentos llena:
cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena!
Y ¿cuál hombre no llorara
si la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
piadosa Madre, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo
vio a Jesús en tan profundo
tormento, la dulce Madre:
y, muriendo el Hijo amado,
que rindió desamparado
el Espíritu a su Padre.
¡Oh Madre, fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo:
y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado,
más viva en él que conmigo”…


 
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Venerable P. Luis Amigó Ferrer, Fundador de la Congregación.
     


 
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¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA!

“A la luz del misterio pascual, que la liturgia nos invita a celebrar durante toda esta semana, me alegra volver a encontrarme con vosotros y renovar el anuncio cristiano más hermoso: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! El típico carácter mariano de nuestra cita nos impulsa a vivir la alegría espiritual de la Pascua en comunión con María santísima, pensando en la gran alegría que debió de sentir por la resurrección de Jesús. En la oración del Regina caeli, que en este tiempo pascual se reza en lugar del Ángelus, nos dirigimos a la Virgen, invitándola a alegrarse porque Aquel que llevó en su seno ha resucitado: "Quia quem meruisti portare, resurrexit, sicut dixit". María guardó en su corazón la "buena nueva" de la resurrección, fuente y secreto de la verdadera alegría y de la auténtica paz, que Cristo muerto y resucitado nos ha obtenido con el sacrificio de la cruz. Pidamos a María que, así como nos ha acompañado durante los días de la Pasión, siga guiando nuestros pasos en este tiempo de alegría pascual y espiritual, para que crezcamos cada vez más en el conocimiento y en el amor al Señor, y nos convirtamos en testigos y apóstoles de su paz” (Regina Coeli, Benedicto XVI, 17 abril 2006) .


 
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Vista panorámica de Jerusalén.
     



 
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Giotto: Inocencio III aprueba oralmente la forma de vida de Francisco y sus seguidores.
     



 
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4ª Predicación de Cuaresma (3 de abril de 2009)


     



 
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Incredulidad de Tomás. Duccio di Buoninsegna. Majestad.



“En el pasaje evangélico de hoy también hemos escuchado la narración del encuentro del apóstol Tomás con el Señor resucitado: al apóstol se le concede tocar sus heridas, y así lo reconoce, más allá de la identidad humana de Jesús de Nazaret, en su verdadera y más profunda identidad: "¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20, 28). El Señor ha llevado consigo sus heridas a la eternidad. Es un Dios herido; se ha dejado herir por amor a nosotros. Sus heridas son para nosotros el signo de que nos comprende y se deja herir por amor a nosotros. Nosotros podemos tocar sus heridas en la historia de nuestro tiempo, pues se deja herir continuamente por nosotros. ¡Qué certeza de su misericordia nos dan sus heridas y qué consuelo significan para nosotros! ¡Y qué seguridad nos dan sobre lo que es él: "Señor mío y Dios mío"! Nosotros debemos dejarnos herir por él” (Homilía, Benedicto XVI, 15 de abril del 2007).



 
   


 
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