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Cristo consigna las llaves a San Pedro. Perugino. Capilla Sixtina. |
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“Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!” |
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“En el Adviento el pueblo cristiano revive un doble movimiento del espíritu: por una parte, eleva su mirada hacia la meta final de su peregrinación en la historia, que es la vuelta gloriosa del Señor Jesús; por otra, recordando con emoción su nacimiento en Belén, se arrodilla ante el pesebre. La esperanza de los cristianos se orienta al futuro, pero está siempre bien arraigada en un acontecimiento del pasado. En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios nació de la Virgen María: "Nacido de mujer, nacido bajo la ley", como escribe el apóstol san Pablo (Ga 4, 4).
El Evangelio nos invita hoy a estar vigilantes, en espera de la última venida de Cristo: "Velad -- dice Jesús --: pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa" (Mc 13, 35. 37). La breve parábola del señor que se fue de viaje y de los criados a los que dejó en su lugar muestra cuán importante es estar preparados para acoger al Señor, cuando venga repentinamente. La comunidad cristiana espera con ansia su "manifestación", y el apóstol san Pablo, escribiendo a los Corintios, los exhorta a confiar en la fidelidad de Dios y a vivir de modo que se encuentren "irreprensibles" (cf. 1 Co 1, 7-9) el día del Señor. Por eso, al inicio del Adviento, muy oportunamente la liturgia pone en nuestros labios la invocación del salmo: "Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación" (Sal 84, 8)” (Angelus, Benedicto XVI, Iº Domingo de Adviento 2005).
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SAN JUAN BAUTISTA. J. MARTÍNEZ MONTAÑÉS, S. XVII. METROPOLITAN MUSEUM. NUEVA YORK. |
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“Preparadle el camino al Señor” |
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“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo” (Marcos, 1,1-8).
INMACULADA, DE MANUEL LÓPEZ VÁZQUEZ (1922-2004). ESTANDARTE DE LA COFRADÍA DE LA CONCEPCIÓN (GRANADA). FOTO DE M. LIROLA. |
“En una cita que ya ha llegado a ser tradicional, nos volvemos a encontrar aquí, en la plaza de España, para ofrecer nuestra ofrenda floral a la Virgen, en el día en el que toda la Iglesia celebra la fiesta de su Inmaculada Concepción. Siguiendo los pasos de mis predecesores, también yo me uno a vosotros, queridos fieles de Roma, para recogerme con afecto y amor filiales ante María, que desde hace ciento cincuenta años vela sobre nuestra ciudad desde lo alto de esta columna. Por tanto, se trata de un gesto de fe y de devoción que nuestra comunidad cristiana repite cada año…
María, en cuyo seno virginal Dios se hizo hombre, es nuestra Madre. En efecto, desde lo alto de la cruz Jesús, antes de consumar su sacrificio, nos la dio como madre y a ella nos encomendó como hijos suyos. Misterio de misericordia y de amor, don que enriquece a la Iglesia con una fecunda maternidad espiritual.
…Sobre todo hoy, dirijamos nuestra mirada a ella e, implorando su ayuda, dispongámonos a atesorar todas sus enseñanzas maternas… Sí, queridos amigos. Una vez más, en este día solemne, la Iglesia señala al mundo a María como signo de esperanza cierta y de victoria definitiva del bien sobre el mal. Aquella a quien invocamos como ‘llena de gracia’ nos recuerda que todos somos hermanos y que Dios es nuestro Creador y nuestro Padre.
Por eso, animados por una confianza filial, le decimos: «Enséñanos, María, a creer, a esperar y a amar contigo; indícanos el camino que conduce a la paz, el camino hacia el reino de Jesús. Tú, Estrella de esperanza, que con conmoción nos esperas en la luz sin ocaso de la patria eterna, brilla sobre nosotros y guíanos en los acontecimientos de cada día, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén» (Benedicto XVI, 8 de diciembre 2007).
PREDICACIÓN DE JUAN BAUTISTA. VERONESE. |
“Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: --¿Tú quién eres? El confesó sin reservas: -—Yo no soy el Mesías, Le preguntaron: --Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías? El dijo: --No lo soy. —Eres tú el Profeta? Respondió: --No. Y le dijeron: --¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo? El contestó: --Yo soy ‘la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor’ (como dijo el profeta Isaías)”.
NATIVIDAD MÍSTICA. BOTTICELLI, 1501. LONDRES. NATIONAL GALLERY. |
“Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”
“En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.
Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo: No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”. (Lc 2, 1-14).
”.
TAPIZ: DAMASCO, CONVERSIÓN DE SAN PABLO, CAMILIAN DEMETRESCU |
SAGRADA FAMILIA, LLAMADA 'LA PERLA'. RAFAEL h. 1518. |
“Y le pusieron por nombre Jesús…”
“Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor (de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: ‘Todo primogénito varón será consagrado al Señor’) y para entregar la oblación (como dice la ley del Señor. ‘Un par de tórtolas o dos pichones’)...
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba” (Lc 2, 22-24.39-40).
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