Custodia de asiento de la Catedral de Toledo. Enrique de
Arfe (1515-1524). Oro, plata, esmaltes y pedrería.
 




CORPUS CHRISTI



“La solemnidad del Corpus Christi, que tiene su momento culminante en la procesión del jueves por las calles de la ciudad, es la fiesta solemne y pública de la Eucaristía, sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. El misterio instituido en la última Cena, que cada año se conmemora el Jueves santo, en este día [del Corpus] se manifiesta a todos, rodeado del fervor de fe y de devoción de la comunidad eclesial” (Benedicto XVI).



PANGE LINGUA


Que la lengua humana
cante este misterio:
la preciosa sangre
y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen
Rey del universo,
por salvar al mundo,
dio su sangre en precio.

Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Fue en la última cena
-- ágape fraterno --,
tras comer la Pascua
según mandamiento,
con sus propias manos
repartió su cuerpo,
lo entregó á los Doce
para su alimento.

La palabra es carne
y hace carne y cuerpo
con palabra suya
lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino,
y, aunque no entendemos,
basta fe, si existe
corazón sincero.

Adorad postrados
este Sacramento.
Cesa el viejo rito;
se establece el nuevo.
Dudan los sentidos
y el entendimiento:
que la fe lo supla
con asentimiento.

Himnos de alabanza,
bendición y obsequio;
por igual la gloria
y el poder y el reino
al eterno Padre
con el Hijo eterno
y el divino Espíritu
que procede de ellos. Amén.




 
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Retablo de la Eucaristía, atribuido a Llorenc Zaragoza,
1380-1390, temple sobre tabla. Villahermosa del Río.
 




“La Iglesia vive de la Eucaristía”



Este fue el título de la última Encíclica que nos dejó Juan Pablo II. Se trata de una verdad que no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia.
La Eucaristía es la presencia salvífica de Cristo, muerto y resucitado, en medio de su pueblo, el cual quiso quedarse con nosotros, de modo especial, en el sacramento eucarístico. Precisamente por eso, la Eucaristía ocupa un lugar central en la vida del nuevo pueblo mesiánico. Esta centralidad es lo que la encíclica Ecclesia de Eucharistia subraya con vigor. Como sacramento por excelencia del misterio pascual -- se lee en ella --, "la Eucaristía (...) está en el centro de la vida eclesial" (n. 3); y también: "la Eucaristía es centro y cumbre de la vida de la Iglesia" (n. 31). Eso significa que "la Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía" (n. 26). Luego se celebró un Sínodo dedicado a la Eucaristía, del que hace poco Benedicto XVI hizo pública la Exhortación Postsinodal Sacramentum Caritatis.
Monseñor Blázquez, en su reciente intervención de la Plenaria de la CEE. se refirió a ello cuando reivindicó los íntimos vínculos pastorales entre Eucaristía y vida cristiana, y entre Eucaristía y servicio a los pobres.
Para el presidente de la CEE, «entre Eucaristía y vida cristiana hay una estrecha reciprocidad». Tanto es así que, señaló, «la Eucaristía moldea la vida de cada cristiano y, consiguientemente, la existencia cristiana posee una forma eucarística». En otras palabras, «la Eucaristía moldea las diversas maneras de ser y actuar como cristianos», además de impulsarnos a hacernos «próximos unos de otros frente al individualismo y el aislamiento que comporta el fenómeno de la secularización».
Mons. Blázquez aseguró que «en el campo de la Iglesia, que desde el principio se ha mostrado amiga de la inteligencia y solícita de los pobres y los que sufren, han nacido y crecido instituciones inspiradas en la Eucaristía para el servicio de los necesitados». «Celebrar auténticamente la Eucaristía — añadió el prelado — es una necesidad vital de la Iglesia, y es también motivo de esperanza para los pobres y beneficio a la humanidad».




 
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