Cimabue, Virgen con el Niño en Majestad.
Museo del Louvre
 




 
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Virgen con el Niño y ángeles. Duccio di Buoninsegna,
Majestad (1308-1311). Siena, Museo de
la Opera del Duomo.
 



El Papa invita a rezar, en este mes de mayo, para que siguiendo el ejemplo de la Virgen cada cristiano se deje conducir por la Palabra de Dios.



El mes de mayo está particularmente dedicado por los fieles a la Madre de Jesús. El Papa exhorta a rezar en este mes para que "siguiendo el ejemplo de la Virgen María, cada cristiano, atento siempre a los signos del Señor en la propia vida, se deje guiar por la Palabra de Dios".
A María el Papa confía las necesidades de todos, las esperanzas, las vicisitudes alegres e incluso las dolorosas. Reflexionando sobre el carácter “mariano” del mes de mayo el arzobispo Angelo Comastri, vicario del Papa para el Estado de la Ciudad del Vaticano ha manifestado:

“El mes de mayo es el mes de la belleza; es el mes en el que explosiona la creación, a través de las flores y parece que todo la creación se pone el vestido más bello. Pues bien la vestidura más bella de toda la humanidad es María. María es la toda hermosa y las el resto de las palabras del Arcángel Gabriel podíamos traducirlas así, con afinidad al texto griego: ‘Alégrate, tu que has sido colmada de belleza. El Señor está contigo’. Hoy existen demasiados equívocos sobre la belleza. Con frecuencia se declaran bellas tantas personas porque tienen una cara bella, pero, a veces tienen un alma terrible, un mal corazón. Esa no es una belleza. La belleza de María es la belleza que parte del corazón e irradia toda su cara. Seguramente María debía ser bella, incluso físicamente, pero su belleza no era otra cosa que la irradiación de la belleza de su corazón y de su alma. ¡Que María y la devoción a María nos eduquen en la verdadera belleza y en buscar la verdadera belleza.




 
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Ascensión del Señor, Perugino, 1512.
Duomo de San Sepolcro (Italia).
 


Y dejas, Pastor santo



Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dónde volverán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura
que no les sea enojos?
Quien gustó tu dulzura
¿qué no tendrá por llanto y amargura?

Y a este mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al fiero viento, airado,
estando tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?

Ay, nube envidiosa
aún de este breve gozo, ¿qué te quejas?
¿Dónde vas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas! Amén.

     
 
Lope de Vega
 


   
 
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