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El Padre Pío reveló: « ¡He visto a Pacelli feliz en el Paraíso ».
«Andrea Tornielli, Lorenzago (Belluno) – El Padre Pío de Pietrelcina inmediatamente después de la muerte de Papa Pacelli «vió» que el Pontífice era bienaventurado «en el Paraíso». Es lo que se deduce de una carta inédita que recoge las palabras pronunciadas por el santo del Gárgano después de la muerte de Pío XII. Copia de la misiva, escrita en alemán, se conserva en Roma, en el «Collegium Paulinum», una de las residencias romanas de la «Familia espiritual la Obra» («Das Werk»), una nueva comunidad de vida consagrada fundada por Madre Julia Verhaeghe en el 1938, particularmente ligada a la memoria de Pío XII.
El 9 de noviembre 1958, un mes después de la muerte de Pacelli, Sor Pascalina Lehnert, la religiosa bavarese que acudía al apartamento papal, escribe una carta al P. Pío. Se sabe que Pacelli estimaba al P. Pío, quien a su vez le enviaba mensajes de este tipo: “Yo me ofrezco víctima por el Papa todos los días”. Madre Pascualina, consciente de esta amistad recíproca, quiso informar al P. Pío de las circunstancias de la muerte del pontífice, acaecida en Castelgandolfo tras una agonía que duró algunos días y aprovecha para hacerle una pregunta a través del P. Domingo de Milwaukee, capuchino de origen americano que hablaba también el alemán y en el convento ayudaba a despachar la correspondencia. La pregunta iba dirigía al destino de Pío XII y si, por casualidad, el P. Pío había “visto” algo al respecto. No tenemos la carta de Sor Pascualina. Pero el tono y las solicitudes se manifiestan muy bien en la respuesta que el P. Domingo dio, en nombre del P. Pío, algunos días después, en el texto escrito a máquina con firma original a pie de página. El Padre agradece a la religiosa por haberle contado las circunstancias de la muerte del papa Pacelli. El P. Domingo informa a Sor Pascualina con estas palabras: “Ayer tarde, hacia las 18,45 horas, fui a su habitación. No sé el motivo, pero siempre me recibe con gran amabilidad… Luego le dije todo lo que ella me había comunicado: la piadosa muerte del Santo Padre, el Magnificat (la oración de alabanza a Dios que las monjas y los colaboradores de Pacelli recitaron inmediatamente después de la muerte del Pontífice), y también su propia convicción y la de otros de que él ahora está contemplando a Dios. El Padre Pío lo escuchó todo con gran admiración”.
Después el P. Domingo cuenta el modo en el que hizo la delicada pregunta que preocupaba a la religiosa bavarese sobre el destino del Pontífice inmediatamente después de dejar este mundo. “Luego hizo su pregunta: ¿Qué piensa el P. Pío?”. Hice la pregunta de esta manera: “La Madre Pascualina pregunta: ¿Qué piensa el P. Pío?”. Con el rostro casi transfigurado respondió: “Está en el Paraíso. Lo he visto durante la Santa Misa”. No fiándome de lo que había oído le pregunté: “¿Lo ha visto en el Paraíso?”. “Sí, me respondió con una sonrisa casi celestial”.
“Querida Madre Pascualina -- concluye la carta -- todos estamos convencidos de que el Santo Padre era un santo. Estas palabras del P. Pío, como quiera que sea, son una confirmación jubilosa y llena de consuelo. Estoy muy contento de poderle comunicar todo esto… Y aún quisiera mencionar una cosa: el día de la muerte de Pío XII, el P. Pío oyó la noticia poco antes de celebrar la santa Misa. Y como cada Padre debe celebrar una Misa por un Papa difunto, pudo en seguida celebrar la misa por él. Quizás ya en ella vio al Santo Padre en gloria. Durante toda la misa el P. Pío estuvo llorando”.
Los lazos entre el fraile estigmatizado y el Pontífice no se limitaron sólo a la vida sino que fueron aún más allá. Este testimonio, que ha permanecido durante casi cincuenta años en un cajón, es importante ya que se trata de la “visión” de un santo. Como es de sobra conocido, está en curso el Proceso de Beatificación del Papa Pío XII. El pasado 8 de mayo, la reunión ordinaria de cardenales y obispos de la Congregación de las Causas de los Santos ha votado por unanimidad a favor de la proclamación de las virtudes heroicas del Papa Pacelli. La decisión está ahora en las manos del Papa.
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