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Capítulo General de asuntos de la Orden de Predicadores en Bogotá.
«Durante los días 17 de Julio al 8 de Agosto, se está celebrando en Bogotá (Colombia), el Capítulo General 2007 de la Orden de Predicadores.
Los Priores Provinciales de los frailes llegaron a Bogotá (Colombia) junto con otros frailes y hermanas de todo el mundo que van a colaborar en la buena marcha del Capítulo prestando sus servicios como intérpretes.
“El Capítulo General de los Frailes en Bogotá (se dirigía a toda la Familia Dominicana el Vicario Provincial de la Provincia de España) es una buena noticia para todos. En él se manifiesta no sólo nuestra tradición más democrática, sino sobre todo, nuestro carácter más universal: los provinciales (aunque les pese, son los que mejor conocen la realidad de nuestra Orden) de todas las provincias del mundo se reúnen para afrontar los retos presentes en el mundo en este año 2007 y los años sucesivos”.
El capítulo se celebra en el Convento de Santo Domingo, fundado en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, en agosto de 1550 con el nombre canónico oficial de Convento de Nuestra Señora del Rosario.
Este convento fue el convento "máximo" o más importante de los Dominicos de la Nueva Granada, actual Colombia. Situado a media cuadra de la Plaza Real (actual Plaza de Bolívar), este convento jugó un papel muy importante en el proceso de conquista y evangelización de los Muiscas, del altiplano central colombiano. En su seno nació en 1580 la primera universidad del país, llamada posteriormente Universidad de Santo Tomás de Aquino. Fue clave además como centro financiero, debido al uso de instituciones como los censos y las capellanías. La comunidad de frailes establecida allí, tuvo una gran influencia en los planos religioso, político y social en el entonces Nuevo Reino de Granada.
El edificio conventual, considerado en su tiempo como el más grande y bello edificio público que existía en la ciudad, por diversas circunstancias internas y externas, el convento entró en crisis con la Guerra de Independencia (1810-1830) y aunque logró recuperarse, la comunidad conventual fue suprimida por el gobierno liberal de Tomás Cipriano de Mosquera en noviembre de 1861. Producto de la fiebre modernizadora, el convento fue destruido en 1938 por voluntad del gobierno nacional, presidido por Eduardo Santos, pese a las protestas de la ciudadanía. En su reemplazo fue construida una mole de hormigón armado denominado en su época "Palacio de las Comunicaciones".
La comunidad conventual fue restaurada en noviembre de 1905, y entre 1948 y 1953, se construyó el nuevo convento -- seminario al nororiente de la ciudad, al cual se le dio, el nombre de "Convento de Santo Domingo", ubicado en la Carrera 1 No. 68-50, al lado del cual se construyó poco después un seminario menor y luego colegio "Jordán de Sajonia".
Uno de los momentos más esperados del Capítulo era la llegada de Fr. Gustavo Gutiérrez, el padre de la teología de la liberación y dominico desde hace algunos años. Sin lugar a dudas todos estaban expectantes tras la llegada de Fr. Gustavo para escuchar su predicación, su teología, pero ante todo su testimonio de vida a lo largo de sus setenta años de existencia, de trabajo con y para los pobres.
Fr. Gustavo habló de las dos memorias del discípulo: la que convierte la historia humana en una teología que llama a la vida como anuncia el Apóstol Pablo (1 Co 11, 23-26), y la del servicio humilde tomado del relato del Lavatorio de los pies (Jn 13, 3-17) Ambas se complementan y son igual de importantes en la vida del discípulo porque no hay memoria sin profecía y no hay memoria sin contemplación (muy dominicano) En un segundo momento, se refirió a los lenguajes del discípulo, el de la gratuidad del amor que se refleja en el hecho de “tener compasión y compartir con el otro la compasión que hemos tenido” y, el lenguaje profético de la justicia y de la igualdad; recordándonos las desventuras y las denuncias de Job como una manera de clamar a Dios. Finalmente, nos compartió las dos pobrezas del discípulo: la pobreza espiritual, es decir, “ponerse en las manos de Dios” y la pobreza voluntaria, es decir, la coherencia de vida; las dos son necesarias pero en función del Evangelio.
En el Capítulo participan, además del maestro de la Orden, fray Carlos Alfonso Azpiroz, y el ex maestro, fray Timothy Radcliffe, y de priores provinciales y vicarios, delegados, miembros de la Curia y otros cargos generales, cuatro monjas y religiosas dominicas, dos laicos, otros cargos e intérpretes, hasta un total de 101 personas.
En su relación sobre la situación de la Orden, previa a este Capítulo, de fecha 24 de junio, en la que da las claves de este encuentro, el maestro de la Orden se pregunta «¿Velocidad empresarial o ritmo contemplativo?».
«Vivimos en un mundo que parece moverse a gran velocidad, privilegia el ritmo empresarial y la efectividad», añadió advirtiendo que «es importante volver sobre el valor de la contemplación en la vida de la Orden».
Tras lanzar diversas preguntas y dar sus relativas respuestas, el Maestro General concluye con la respuesta a otra pregunta: «¿Para qué nos reunimos nuevamente en Capítulo general?».
«Cada época de la historia de la Orden -- explica -- ha expresado a su modo el deseo de ser fieles en la creatividad, creativos en la fidelidad»
Haciendo un resumen histórico, recuerda a Santa Catalina y la necesidad de una «reforma»; en el siglo XVIII, las revoluciones y exclaustraciones forzadas promovidas por las autoridades civiles, cuando la palabra clave para volver a empezar fue «restauración». En el siglo XX, con el Concilio Vaticano II se impulsó la «renovación» de la Iglesia y de la vida religiosa.
«En pleno siglo XXI, al inicio del tercer milenio los desafíos son nuevos», afirma fray Azpiroz.
«Ahora algunos teólogos hablan de la necesidad de ‘refundación’ de la vida religiosa. No todos aceptan esa expresión. De todos modos, las palabras citadas, en contextos propios e irrepetibles manifiestan de una u otra manera el deseo de ser creativos ‘fieles al amor inicial’».
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