“Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión”.


Es el lema del Mensaje para la XLV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. El Papa invita a las comunidades cristinas a no replegarse en sí mismas para anunciar a Cristo a todo el mundo.


La XLV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, se celebrará el próximo 13 de abril, IV domingo de Pascua y su tema es: “Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión”. La anual Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instituida por Pablo VI en 1964, puede considerarse la respuesta de la Iglesia a esta intuición del Papa Montini.
La Iglesia, escribe el Santo Padre, es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. “Si por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a anunciar el Evangelio, la dimensión misionera está especial e íntimamente unida a la vocación sacerdotal”. Corresponder a la llamada del Señor comporta afrontar con prudencia y sencillez cualquier peligro e incluso persecuciones.
Lo que «apremia» a los Apóstoles es siempre «el amor de Cristo», afirma Benedicto XVI. Fieles servidores de la Iglesia, dóciles a la acción del Espíritu Santo, innumerables misioneros han seguido a lo largo de los siglos las huellas de los primeros apóstoles. El amor de Cristo, de hecho, viene comunicado a los hermanos con ejemplos y palabras, dando toda la vida.
Entre las personas dedicadas totalmente al servicio del Evangelio se encuentran de modo particular los sacerdotes llamados a proclamar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos, entregados al servicio de los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres y de cuantos pasan por momentos difíciles. A través de sus sacerdotes, Jesús se hace presente entre los hombres de hoy hasta los confines últimos de la tierra.
También con su oración continua y comunitaria, los religiosos de vida contemplativa interceden incesantemente por toda la humanidad, dice el santo Padre. “Los de vida activa, con su multiforme acción caritativa, dan a todos el testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios.
Pero además, para que “la Iglesia pueda continuar y desarrollar la misión que Cristo le confió, y no falten los evangelizadores que el mundo necesita, es preciso -subraya el Papa- que nunca deje de haber en las comunidades cristianas una constante educación en la fe de los niños y de los adultos”; “es necesario mantener vivo en los fieles un sentido activo de responsabilidad misional y una participación solidaria con los pueblos de toda la tierra”.
El don de la fe llama a todos los cristianos a cooperar en la evangelización, afirma el Pontífice. Esta toma de conciencia se alimenta por medio de la predicación y la catequesis, la liturgia y una constante formación en la oración; se incrementa con el ejercicio de la acogida, de la caridad, del acompañamiento espiritual, de la reflexión y del discernimiento, así como de la planificación pastoral, una de cuyas partes integrantes es la atención vocacional.
Las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada sólo florecen en un terreno espiritualmente bien cultivado. De hecho, las comunidades cristianas que viven intensamente la dimensión misionera del ministerio de la Iglesia nunca se cerrarán en sí mismas. La misión, como testimonio del amor divino, resulta especialmente eficaz cuando se comparte «para que el mundo crea».






   
 
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